Michael Jackson ha sido absuelto en los 10 cargos presentados en su contra, anuncio que llegó después de 32 horas de deliberación por parte del jurado. Si confiamos en la justicia estadounidense entonces Michael puede ser la persona más rara y extraña del mundo, pero al menos no es un pederasta.
Aún así, ¿tu crees que Michael Jackson es inocente o culpable?






hola quiero una pagina para crackear es q he perdido mi correo con informacion empresarial. please
la verdad yo he seguido este juicio paso a paso y es increible como las personas inventen tan grandes mentiras por dinero .
Es cierto todos tenemos cola que nos pisen , pero en verdad yo creo que mj es inocente , los testimonios como de la madre como de los chavitos eran infantiles ; como cuando un niño quiere esconder la verdad y cada vez se hunde mas con sus propias palabras, asi describiria yo a la clase de personas que mintieron contra michael es absurdo de verdad. Es verdad no es perfecto pero no creo que haga tales cosas . no podremos saber la verdad solo lo sabe una persona mas que michael y sabemos que si lo hizo tendra el castigo correspondiente
HOLA MIcHsEl jAcKoN tengo entendido que eres un pedofilo .. pero igual eres mi lider manyas asi que deja de estar haciendom cosas de mela y ya pues canbia de color que me da miedo tu cara
se que4 es inocente porque si el hubiera hecho esas cosas a los niños entonces de ese momento por que no o denunciaron creo que hay mucha gente que le quire ser daaaño y de esa forma no devberian ya que el sera y seguira siendo el rey del pop suerte michael
Hola michael.
Recibe un cordial y caluroso saludo
Soy una amiga y admiradora suya, estoy enternecida de conocer su historia de desde que eras un bebe acabo de enterarme porque ahora cuento con internet en mi hogar.
Quiero que sepas que el sueño mas grande de mi vida era poder hablar contigo y expresarte mi admiración por tus grandes exitos pero especialmente por su persona y el cariño expresivo por los mas necesitados y en especial por los niños y personas de escasos recursos en verdad eres una persona muy especial a pesar de tus exitos y tu fama sigues siendo una persona muy humanitaria y de un gran corazon con buenos sentimientos y nobleza hacia sus semejantes.
Quiero que sepa que no creo en lo que disen de usted muy a pesar de que soy madre de 9 hijos. Solo le pido al todo poderoso para que le de fortaleza, sabiduria que se logren aclarar todo los malos entendidos y que te conviertas en un ave fenix para que te levantes donde estas tendido,logres salir con mucha fuerza, poder y para que sigas adelante.
Se despide de usted con mucho cariño su amiga.
ANA MARIA MORA Malambo - Atlántico - Colombia Cel 3107155330 E-mail: [email protected] Cra 6 A No. 10 B - 126
Michael Jackson es inocente y punto, no hay mas que decir
Hace ya tiempo de su declaración de inocencia, pero aún así, que quede claro que Michael es INOCENTE hasta el fin de los días. Quien le tache de culpable, por favor, que trate de demostrarlo, pero de verdad sin Hollywoodiputadas.
Sábado 28-05-05 EL JUICIO A JACKSON: UNA VISITA GUIADA AL BASURAL DE ESTADOS UNIDOS
Es el primer día en que los testigos prestan testimonio en el juicio a Michael Jackson, y estoy metido en la repleta sala de los tribunales del condado de Santa Bárbara: a un costado del recinto de la Corte, en un trailer sin ventanas, cincuenta periodistas se agolpan en torno de un circuito cerrado de televisión por done se transmite el juicio, esperando ansiosos que la palabra “masturbación” salga por el monitor.
Las figuras que aparecen en la pantalla son mínimas y casi irreconocibles. El abogado de Jackson, Thomas Mesereau, es el único que se distingue, con su melena blanca peinada hacia atrás, moviéndose como un cursor de un lado al otro de la pantalla.
La pantalla se oscurece. El fiscal del distrito, Tom Sneddon, un tipo malhumorado y desagradable cuya imagen pública nos recuerda al vicedirector panzón que controla en las fiestas escolares, elige comenzar el procedimiento con la proyección de “Living with Michael Jackson”, el documental sensacionalista creado por un personaje de la prensa amarilla británica que parece un hobbit: Martin Bashir.
Es lógico que Bashir sea el primer testigo en el caso. Todo el juicio esta lleno de gente con la clase de vida de ameba que solemos encontrar nadando en la cloaca de la industria de los famosos: publicistas, asistentes personales, abogados de segunda línea del mundo del espectáculo. La especie que Bashir representa es la de los sismógrafos presuntuosos que espían a través de la ventana de la alcoba de gente famosa y se sienten como si estuvieran curando un cáncer.
La teoría del proceso, para aquellos que pueden seguirlo, es que la salida al aire de este documental en febrero de 2003, en Inglaterra, puso en marcha una siniestra conspiración que terminó conduciendo a Michael Jackson a meter las manos bajo los calzones de un niño. La fiscalia presenta el filme como el dramático capitulo de inicio de un laberinto de decadencia moral, por lo cual se entiende que el oscurecimiento de la sala pretende tener una relevancia simbólica: estábamos entrando en un mundo de tinieblas.
Pero el efecto se arruina cuando el filme comienza. Cuando la cámara hace un paneo de las puertas de Neverland el sonido estalla con la línea de bajo de “Billie Jean”, y en la superpoblada sala, el mar de periodistas se balancea alegremente al ritmo de la música.
El juicio a Jackson es un verdadero zoológico, un desfile de freaks desde el amanecer hasta el anochecer. Como los copos de nieve, no hay dos manifestantes iguales entre si, ni siquiera parecidos. La rutina en la sala de juicios se establece a priori. Jackson llega a eso de las ocho y cuarto. Viene con sus padres, los abraza en el momento que toman asiento, y luego mira hacia la mesa de la defensa para comenzar con sus rituales previos al juicio. Les da la mano a sus abogados, luego se dirige hacia el rincón de adelante a la derecha de la sala, detrás de un pequeño tabique, donde realiza una breve serie de calistenias, agachándose y levantándose unas cinco veces de cara hacia la pared. Para cuando termina, la defensa ya le ha colocado un recipiente con caramelos de menta; él amina hacia las mentas, y lentamente desenvuelve una tras otra, las chupa y finalmente se sienta en su lugar y mira impasible hacia delante. La mayoría de los días se queda allí sentado, sin moverse en toda la jornada. Puede que esté compenetrado con el caso, o puede estar esperando que una nave espacial aterrice.
Comenzando por Bashir, los primeros días de testimonios resultan un muestrario de trepadores absurdos y parásitos de celebridades. Jackson mira desconectado durante la sucesión de payasos, pero cuando los verdaderos testigos empiezan a aparecer, comienza a expresarse. Durante el cuarto día del juicio, mientras Messereau interroga a la hermana mayor del demandante, Jackson se levanta de pronto y se retira de la sala.
El movimiento sorprende momentáneamente a Mesereau, un sicario de primer orden, y se lo ve extrañamente avergonzado mientras sigue a su cliente. Un minuto después regresa para informarle al juez Rodney Melvilla: “El señor Jackson necesita ir al baño, Su Señoría”.
Una semana más tarde, Jackson directamente no se presenta en la Corte (el día que le toca testificar al demandante) y Mesereau se ve claramente forzado a decirle al juez que su cliente tiene “severos dolores de espalda”. Jackson, eventualmente, llega a la Corte en pijama. Pero aun con toda su excentricidad, Jackson no demuestra una personalidad dominante en el juicio. El honor de su presencia se debe al fiscal del distrito Sneddon, cuya enrevesada acusación es una especie de Frankestein, con partes incongruentes, tan escabrosamente fascinante como el rostro del acusado, alterado por la cirugía.
La acusación, pocas veces explicada satisfactoriamente en los medios más relevantes, es la siguiente. El 6 de febrero de 2003, el documental de Bashir (en el que Jackson admite que duerme con niños en su habitación) se transmite por televisión. Entre los chicos que aparecen en el video, está el demandante de este caso, de 13 años y sobreviviente de un cáncer, que había sido presentado a Jackson hace varios años, durante sus tratamientos con quimioterapia.
De acuerdo con la acusación, Jackson no había abusado del chico en el momento de la transmisión del documental de Bashir, pero ya estaba bastante preocupado porque el chico dijera eso, por lo que él y su gente de Neverland realizaron una elaborada conspiración y “encerraron” al chico y a su familia durante cinco semanas (en hoteles de lujo, la mansión de Neverland y otros sitios). Durante ese tiempo, ejercieron presión sobre la familia para que ésta negara, frente a cámara, que algo incorrecto hubiera sucedido jamás entre Jackson y el chico.
Las cinco personas que conspiraron junto con Jackson –ninguna de las cuales fue acusada- parecen ser gente de ideas espeluznantes. La “socia de negocios” Dieter Wiesner, por ejemplo, tiene locales de sexo en Alemania y colocó montañas de dinero de la estrella pop en una fracasada gaseosa que seria comercializada en Europa bajo el nombre de “MJ Mystery Drink”. Marc Schaffel llegó a Jackson tras el 11-S con planes de comercializar un tema antiterrorista del tipo “We Are the World”, para hacer caridad a través de la corporación Mc Donalds. Schaffel resultó ser un ex productor de porno gay. Alrededor de la conspiración están también Vincent Amen y Frank Tyson, un par de cadetes de Neverland.
El caso que presenta la parte acusadora, por lo tanto, se resume en lo siguiente: frente al pánico de una campaña infamatoria, Jackson conspira para secuestrar al chico y forzarlo a negar actos de abuso que de hecho no habían ocurrido, pero luego supera el pánico lo suficiente como para, efectivamente, abusar del chico.
Es un argumento fantástico, un ejercicio malintencionado en la lógica circular de la acusación: conspirar para conspirar, falso secuestro seguido de un repentino acto de extraña locura autodestructiva. Y nada de esto tiene sentido, hasta que uno ve a Sneddon operar en la Corte.
Al sexto día del juicio, Sneddon interroga directamente al hermano menor de la victima. Es un momento crucial del juicio, en el que Sneddon está frente al único testigo ocular del supuesto abuso. El chico de mejillas carnosas dice haber entrado dos veces en el dormitorio de Jackson, tarde en la noche, y haber visto a la estrella acariciando a su hermano mientras se masturbaba.
En un juicio lleno de personajes desagradables, es difícil no conmoverse con este chico. Con la voz algo ronca de los 14 años y los ojos tristes del hermano menor, este testigo se parece a cualquier chico gordo al que alguna vez le robaron el dinero para su merienda.
Si su relato es cierto, está recordando una experiencia terriblemente dolorosa frente al mundo entero. Si es falso, su aparición aquí es una tragedia, una mente adolescente explotada, conducida hacia una repetida letanía de sordideces poco creíbles al servicio de las ambiciones de baja calaña de los adultos.
Sneddon prácticamente babea cuando el chico cuenta lo que Jackson estaba haciendo: “El estaba, eh, masturbándose”. “¿Podes demostrar eso?”, dice Sneddon. “¿Podes demostrarnos lo que viste?” “¿Qué quiere decir?”, susurra el chico. “¿Podes mostrarnos como se masturbaba?”, repite Sneddon. El chico se muestra reluctante, pero Sneddon presiona. Finalmente, el chico mueve su mano de abajo hacia arriba. “De acuerdo”, dispara. “Para que conste, estás moviendo tu mano de arriba para abajo, como abriendo y cerrando la palma”:
Este tipo de episodios se van volviendo habituales en los siguientes días del juicio. Es difícil escapar a la sensación de que Sneddon odia a Jackson. Claramente no ha olvidado la debacle de 1993, cuando Jackson y la familia de Jordan Chandler llegaron a un acuerdo por, según se dice, 15 millones y medio de dólares antes de que Sneddon pudiera llevar a Jackson a la Corte por cargos de abuso.
Sus testigos clave son el acusador y su familia. Cualquier abogado se ahorcaría antes de construir un caso en torno de testigos como estos, pero eran todo lo que Sneddon tenia. Una madre soltera y sus tres hijos, una mujer y dos varones. Son pobres pero no de la villa; pobres como el 80% de los norteamericanos, que tratan de vivir la vida con un lamentable cóctel de changas, discapacidades, antidepresivos, Jesús, dietas y libros de autoayuda.
La familia había sufrido un padre abusivo; el terrible cáncer que azotó al mayor a los 10 años, tenia un tumor de 7 kilos en el estomago. A través de una serie de instituciones de caridad y programas de recuperación, el terrible mal del chico puso a la familia en contacto con una cantidad de famosos: George López, Chris Tucker, Jay Leno y Michael Jackson. El conflicto con Jackson no comenzó realmente hasta que el chico se curó milagrosamente y la familia regresó a su miserable vida de antes de la crisis.
Es feo no ser caritativo, pero eso es lo feo del caso Jackson: los pobres también pueden perder la dignidad. La madre parece ser la figura clave entre los acusadores. Hasta el momento de escribir esta nota, ella solo había aparecido en el “video de refutación” que Mesereau presentó como evidencia durante el interrogatorio. El video es una producción de baja calidad en un estudio de West Hills. El fiscal afirma que ella y los chicos fueron arrastrados hasta allí y les dijeron lo que tenían que decir. Pero en las imágenes que se vieron en la Corte, el jurado ve a la mujer haciendo sus propias contribuciones entusiastas al director.
Durante el periodo de “privación de la libertad” en el que el filme fue grabado, la mujer fue colocada en el Calabasas Country Inn donde, a expensas de Jackson, fue sometida a una depilación completa y a un paseo de compras. En todo caso, después de esa privación de la libertad, la mujer y los chicos volvieron voluntariamente a Neverland para una estadía de dos semanas que se convertiría en otra privación de la libertad.
Ella no estaba al tanto que el chico pasaba las noches en la habitación de Michael, masturbándose mutuamente con la estrella no en una, sino en dos ocasiones diferentes, y ambas veces frente al hermanito menor del acusador, quien justo se escabullía en el cuarto abriendo la puerta trabada el tiempo suficiente como para presenciar el acto en la oscuridad sin ser detectado. El regordete es bastante específico en su testimonio acerca de cuanto tiempo vio ambos actos sexuales. La primera vez fueron cuatro segundos. ¿La segunda? “Tres segundos, fue mas corta”, dice.
Uno puede decir que Sneddon es un burócrata maniaco, hambriento por salir en los titulares y que su testigo es una manejadora, mentirosa, cazafortunas, pero sin evadir el hecho de que Michael Jackson es, innegablemente, un hijo de puta seriamente raro. Por mas inverosímil que el argumento de la parte acusadora suene, muchos detalles de la vida de Jackson en Neverland son tan extraños e improbables que seguramente sean ciertos.
Uno de los momentos decisivos del proceso es cuando el chico acusador sube al estrado. Ya no es una frágil victima de cáncer. El acusador de Jackson ya tiene 15 años, pero en el interrogatorio titubea, agacha la cabeza bastantes veces, y parece mas chico y mas aniñado en el estrado mientras es llevado a relatar su terrible experiencia en Neverland.
Es una historia horrible, una historia de largas noches con jugo de Jesús (el nombre que Jackson le dio al vino tinto con el que alimentaba al chico), porno y entradas en la noche en un cuarto oscuro lleno de maniquíes. En el momento crucial, Jackson y el chico toman cerveza en la galería de Neverland, luego se retiran a la habitación de Jackson, donde la estrella pop se dirige al chico para hacerle preguntas acerca de la masturbación.
Jackson le dice que si no sabe como hacerlo, él se la hacía. Luego, masturba al chico y se masturba a sí mismo, mientras permanecen los dos acostados en la cama. “Como un día después”, dice el chico, “la escena se repite”; solo que esa vez, Jackson trata de colocar las manos del chico en sus propios genitales. El chico dice que se resistió, pero que de todas maneras eyaculó en ambas ocasiones. Se sintió mal por ello, dice, pero “Jackson me consoló”.
Durante el interrogatorio, Sneddon no puede resistir un poco de su propia marca registrada, olfatear braguetas. El abogado parece decepcionado, legal y libidinosamente, cuando el chico no recuerda haber visto a Michael Jackson entrar en el cuarto con una erección, mientras él y su hermano miraban televisión. Sneddon termina sacando una trascripción del propio chico frente al jurado y mostrándole la referencia a la erección de Jackson en su cara. El chico no cede.
Durante este testimonio, Jackson no se mueve. Mesereau, por su parte, deja que el tiempo pase y, cuando llega su momento, consigue que el chico admita que le había dicho al director de su escuela que “con el señor Jackson nunca pasó nada sexual”.
Mesereau pregunta acerca del supuesto periodo de privación de la libertad. Sneddon se hunde en su silla cuando el chico contesta: “Yo no me quería ir nunca. Me estaba divirtiendo demasiado”.
Luego llega el momento de hablar del abuso: Mesereau consigue que el chico admita que primero le dijo a los investigadores que el abuso había tenido lugar antes de la supuesta privación de la libertad y del video de refutación, y que después cambio el relato. “Hasta el día de hoy”, dice, “no recuerdo exactamente cuando fue que pasó todo”.
Mas tarde, Mesereau le hace ver al chico el video de refutación completo, deteniéndose a cada rato. Como lo que alega la fiscalia es que la familia fue forzada a mentir, Mesereau le pide al chico que le explique al jurado exactamente en que momento esta mintiendo y cuando está diciendo la verdad: el objetivo es demostrar que difícil es diferenciar eso. Es una escena salvaje, y el chico se marchita a medida que los minutos pasan.
Al final del día, Sneddon está tan hundido en su asiento que los hombros casi están por debajo de los apoyabrazos. Su humillación es total cuando Mesereau le pregunta al chico si es cierto que alguna vez quiso ser actor. “Si”, dice él. “pero ahora que conozco otras carreras, quiero estudiar Derecho”.
Cuando el chico se baja del estrado, han pasado solo doce días desde el comienzo del juicio. Era imposible decir quien iba a ganar o perder; uno se olvida, después de todo, que estas cosas las determina un jurado que, aquí, parece una sucesión de mujeres mayores blancas que deben pensar que están juzgando al secuestrador de Lindbergh. O uno espera que crean eso, por su bien.
Los mayores deberían estar eximidos de espectáculos como el juicio a Jackson. Este caso es la última lacra de la sociedad norteamericana: es el modo en que se ve nuestra cultura, que venera a los famosos, cuando aparece la contracara de ese mundo. Una estrella pop que descarrila bajo las luces, gusanos que escarban en su fortuna, reportes actualizados a cada hora sobre lo que paso debajo de los calzones, gente de la industria que intercambia teléfonos mientras toma un trago y orgasmos de chicos. Y gente que, como yo, escribe sobre todo eso. Somos lo peor que los Estados Unidos tiene para ofrecer. Y estamos todos aquí.
Por Matt Taibbi – Rolling Stone
“El dinero no te proporciona amigos, sino enemigos de mejor nivel.” (¿?)
“El saber y la razón hablan, la ignorancia y el error gritan.” (Arturo Graf)
“Cuando una persona inocente se ve atrapada en el sistema judicial es muy difícil ser exonerado. Tienes que mantener los dedos cruzados y esperar que el sistema sea lo suficientemente bueno para probar tu inocencia.” Experto forense Lawrence Kobilinsky
“Un hombre es verdaderamente ético sólo cuando obedece a la compulsión de ayudar a todo ser vivo.” Albert Schweitzer
“Las mentiras corren carreras cortas, pero la verdad corre maratones. La verdad ganará este maratón en la corte.” — Michael Jackson
“Toda verdad pasa por tres etapas. Primero es ridiculizada. Luego enfrenta violenta oposición. Finalmente es aceptada como clara y evidente.” -Arthur Schopenhaurer, Filósofo
(¡Casi llegamos a la etapa tres, Michael!!!…. ¡Aguanta un poco!!!)