César Fandino me hace el favor de enviarme una nueva carta escrita por Valentina Palma Novoa a sus amigos en México, la cual reproduzco por completo.
No puedo dejar de sentir escalofríos al leer lo que tuvo que pasar, la forma en que fue expulsada de México y especialmente ante las personas que deciden criticar, burlarse, reírse, usarla para politizar, que no se toman la molestia de ponerse en sus zapatos durante unos segundos, que la descalifican de las maneras más fáciles posibles.
A todos ellos y todas ellas, ojalá nunca tengan que vivir ni la mitad de lo que Valentina ha tenido que pasar por el simple hecho de documentar.
Concepcion, Chile, mayo de 2006.
Mi nombre es Valentina. Mis amigos dicen que en la lista de detenidos aparecía como Valeria Palma o Larissa Palma. Es lógico: los que anotaron mi nombre y declaración no saben nada de mí. Para ellos soy un nombre cualquiera, unas nalgas cualquiera, unos senos cualquiera. Sólo que ellos también pueden ser cualquiera. Un policía sin uniforme es también cualquiera de esos rostros mexicanos que estaban tendidos junto a mí llenos de sangre, llenos de miedo, llenos de rabia por la impotencia.
Impotencia es lo mismo que siento yo aquí, deportada y alejada de mis amigos, de mi vida en México. Es cierto, Chile es mi país de nacimiento, pero yo escogí a México como el país donde quería vivir. Y ahora estoy aquí porque alguien decidió arrancarme diez años de vida. Alguien que no son esos policías que me detuvieron, ni los que me golpearon y me robaron mi cámara, ni los que me manosearon, ni los que veo por la calle y me dan miedo no importa en qué país. Alguien que tampoco son los funcionarios de migración que me deportaron sin decir por qué, ni los agentes que me asignaron en el vuelo hasta Chile. Como a una delincuente de altos vuelos. Así me hicieron sentir. Sólo que mi delito es raro: no sé en que parte del Código Penal aparece. Se trata de portar una cámara y mirar. De registrar lo que sucede a mi alrededor y comprometerme con decirlo. Para no olvidarlo, para aprender, por eso lo comparto.
Nunca nadie me dijo que era delito ser documentalista, mucho menos que se requería cierta nacionalidad para serlo. Tal vez si en algún apartado del examen de admisión al Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) alguien hubiera puesto una pequeña advertencia, así hubiera sido en letras mínimas. Como las que suelen hablar de castigos en los contratos, cláusulas, creo que se llaman.
Pero no, nada de cláusulas había en aquel examen. Y el CCC es una escuela gubernamental. Pertenece al Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, que representa la cultura en México, mi país adoptivo. Un país en el que he estudiado dos carreras universitarias, y en ninguna me hablaron de delito parecido a portar una cámara. Así que allá fui, a San Salvador Atenco después de saber que habían asesinado a un niño de 14 años. Tal vez les parezca absurdo, pero yo creía que no me podía pasar nada si sólo iba a registrar el conflicto. Y no fui la única que lo pensé: había mucha gente de la prensa que pensó lo mismo, que se sentía segura. No me pregunten por qué, tal vez sólo es que creía en lo que dicen los que saben, eso de que vivimos en un estado de derecho. Y la democracia y todo eso que tanto se dice a diario en todos lados, por tanta gente, tantos señores de traje, tantos padres de familia que lucen muy respetables. Y yo pensando: estos policías tienen familia, y no porque tengan hijas de mi edad, pero tienen hermanos o padres de la edad del abuelo que a mi lado se desangraba en el camión de la policía en el que íbamos apilados como mercancías. “No estibar más de tres detenidos”, debería estar escrito en las paredes de esos camiones. Y ahí, en medio del olor a sangre y los llantos en los oídos, trataba de pensar en mi desesperación. Para evadirme trataba de hilar una explicación para lo que estaba pasando, para lo que estaba viviendo, para entender cómo es que a alguno de los tantos que golpeaban a los tan pocos no se le cruzara por la cabeza una imagen de familia, de reconocer o reconocerse en alguno de los 200 que íbamos dando tumbos en los camiones atestados.
Estoy aquí contándoles esto y me pregunto si podría contestarles. Si podría explicarles a ustedes cómo hacen los policías que nos golpearon para llegar a casa y abrazar a su familia; cómo hacen los políticos para decir en voz alta: “aquí no pasó nada” mientras miran por la tele las golpizas; cómo hacen los periodistas que estuvieron ahí para no morirse de impotencia por saber que hay gente que no escucha sus palabras porque no les cree; cómo hacen los generales o vicealmirantes para dar órdenes a 3 mil policías de arrasar un pueblo completo e irse a dormir tranquilos; cómo hace el mundo para enterarse de todo lo que se entera y apagar el televisor para seguir su rutina. No puedo contestarles, no sé cómo lo hacen.
Yo no podría. No sabiendo que los rostros de aquellas personas que no conozco y seguirán en mi memoria para siempre siguen llorando sangre.






Es una pena lo que le pasa a Valentina, pero así es la vida. Yo le puedo mencionar las 6 muertas que han sido violadas y asesinadas en Neza, o las 200 de Cd. Juarez, de las que no se sabe quien, ni cómo, ni porqué; Mexicanas todas ellas, muertas en su propio país, en su vecindario, a manos de su propia gente, de su raza. Esas que ni siquiera tuvieron tiempo para escribir un adiós a sus seres queridos, ni el nombre de sus verdugos. Es una pena, sí, pero ella está viva y a salvo en su terruño, donde tiene con quién consolarse y escribir lindas cartas llenas de nostalgia. Es una pena, sí, pero ya, que lo supere, de llorar ya fue suficiente.
2 Y por las muertes de Neza o Juarez justificas los abusos contra Valentina y los demas? Me estas diciendo que la vida de una mexicana vale mas que la de una chilena? No se, quizas e interprete mal tu comentario pero como sacas a colacion ese tema y escribes Mexicanas con mayusculas y recalcas el tema de que fueran asesinadas por su propia raza y todo lo demas que dices esa es la impresion que das.
Se vale reclamar porque es la unica forma de pedir justicia. Si concuerdo en que quizas las cartas a veces suenan demasiado “nostalgicas” pero quizas es su forma de expresarse y eso no le quita validez al tema de fondo que es el ABUSO cometido por las autoridades.
Saludos
Mi querida Valentina: No hace falta vivir en dictaduras oficiales para experimentar la angustia y el martirio que significa la represión que puede ejercer el Estado ¿verdad? Mira a dónde lo veniste a descubrir. Aquí en México, se dice que hay democracia, porque el partido que estuvo en el poder durante 70 años fue expulsado en el año 2000. Algunos de otro partido subieron al poder por la vía del voto, pero al igual que a los anteriores no le gustan los pobres ni la pobreza, y como su cabeza no les da para pensar en la forma de terminar con ellos, pues deciden que lo más sencillo es exterminarlos. A unos los matan de hambre y, a otros, los que se rebelan contra su miseria, los aporrean a palos y violan a sus mujeres. De esto hay varios ejemplos, y tu que documentabas uno de tantos episodios de impunidad cotidiana que enfrentamos los y las ciudadanas de este país fuiste, además de testigo, víctima de esa canallada. ¡Gracias por tu denuncia valiente y comprometida! porque vivir aquí resulta, frecuentemente, asfixiante.
No creo que una persona sea mexicana de nacimiento, que por el hecho de que un papel con unas cuantas letras diga ‘nació en México’ Un mexicano se hace, ¡Si! A través del tiempo, por las personas que lo rodean, lugares, objetos, tradiciones, por sus acciones… al igual que en otros países. No te conozco Valentina pero yo pienso que por los años que tenias en este país (México) te podría considerar toda una mexicana con más derechos que otros que se creen mexicanos, yo creo que este es tu país y los que deberían de estar fuera son otros que dan asco, me hacen sentir avergonzado de ser mexicano. Esa gente (si se les puede llamar así) hacen que nuestro país este jodido, por eso tantas personas huyen hacia otros lugares donde pueden tener mas oportunidades, humanos que hacen verle lo bueno a México, es una lastima que pase eso, porque por cada buen mexicano que se va quedan peores y peor esta nuestro país, estoy de acuerdo que México no es el único lugar con problemas como este, pero esa no es una excusa. Que lastima….
Que ya lo supére y de gracias a dios de que este viva , le pudo haber ido peor
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saludos
En primero no es mi amiga , segundo es una mentirosa envío una carta a un períodico en donde dice que va por lastima y luego su maestra la encubre diciendo que era un trabajo que les había dejadoy ahora no sabe que puede o no hacer en un pais o en otro, que no tiene cerebro cada pais tiene su reglas y en México no tiene derecho ha intervenir en asustos que solamente corresponde a los mexicanos.
Tal vez si en algún apartado del examen de admisión al Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) alguien hubiera puesto una pequeña advertencia, así hubiera sido en letras mínimas. Como las que suelen hablar de castigos en los contratos, cláusulas, creo que se llaman.
No vuelvas eres una rijosa y provocadora, que nadie te necesita aquí y también bajale que ni siquieras estuvieras tan buena.
para el último comentario. Es lo mas estúpido que se te ocurrió escribir?. Que reglas tiene mexico?!, porfavor, es un atropello a una persona y tu escribes de que poco menos se lo buscó. Si fuera uno como tu que tambien hay en mi pais (Chile) te diria ua ofenzas que te dejarian llorando, asi que mas respeto cuando hablas de una mujer, no importa la nacionalidad ¿ENTENDISTE INDIO ASQUEROSO CARA DE AZTECA?…..uyyy no meaguanté, es que los mexicanos son muy feos (no como los del cono sur)