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Joshua Schachter, creador de Delicious, escribe un largo post analizando algunas de las problemáticas relacionadas a los acortadores de URL, como TinyURL, un tema que últimamente ha llamado la atención por su uso extendido en estas épocas gracias a Twitter.

El razonamiento de Schachter es interesante: sus usos representan un beneficio para el servicio ya que montar uno es baratísimo y al estar el nombre en el mismo URL puede popularizarse bastante rápido, pero para el resto de nosotros (usuarios finales) representa malas noticias.

Los dos problemas potenciales más obvios: más del 90% de los enlaces en acortador de URL son spam y posibles intentos poco éticos de capitalizar el enlace (por ejemplo poniendo publicidad con interstitials). Aunque el más grave de todos es que los acortadores de direcciones web representan un punto único de fallo, y si uno deja de funcionar significa que miles, probablemente millones de URLs dejarán de funcionar. Pero es aún peor:

¿Qué pasaría si uno de estos servicios es creackeado y cada enlace producido es modificado para que redirija a una página de phishing? -- ¿qué pasaría si deciden censurar algunos enlaces por políticas conservadoras? -- ¿cómo confiamos que no hay un seguimiento en el comportamiento de usuarios a partir de los enlaces, para luego capitalizar con datos privados?

El caso de Bit.ly es especialmente curioso: han recibido dos millones de dólares en inversión para desarrollar el negocio pero su bien más importante, el dominio (.ly) pertenece a Libia, que según las condiciones, tiene que ser usado bajo el código moral islámico y no puede tener relación alguna con sexo, las apuestas, o insultos a la religión o política. Es decir: podrían quitarles el dominio en cualquier momento. Millones de direcciones dejarían de funcionar instantáneamente.

Peligroso.

¿Soluciones? -- Joshua Schachter propone que Twitter permita URLs largas que no cuenten dentro de los 140 caracteres o que tengan su propio servicio acortador de URLs de tal forma que ellos mantengan el control absoluto y no dependan en terceras partes.

Al final Eduardo Gutierrez (más conocido en las internets como Eduo) tiene toda la razón cuando dice que la necesidad de uso de los acortadores es una ilusión. Con una modificación sencillísima y pequeñísima en el funcionamiento de Twitter, se vuelven totalmente innecesarios.