Este viernes 30 de abril comienza el #ApagonTelevisa, una iniciativa de Twitter en México que exhorta a los usuarios de la red social a no sintonizar ninguno de los canales de la televisora como método de protesta. La chispa que encendió la bomba fueron las declaraciones de Adela Micha y Joaquín López Dóriga en contra de las redes sociales, hechas en el programa de análisis Tercer Grado. Los comunicadores acusan que "hay mucha mala fe en Twitter" y que el ciberespacio debe ser recuperado (?) "de manos de perversos". Del mismo modo, López Dóriga solicita al aire que el gobierno actúe de alguna manera para controlar las redes sociales.

En respuesta, los usuarios de Twitter acordaron actuar mediante un boicot a las televisoras, dejando de sintonizar a Televisa y TV Azteca durante el viernes 30 de abril y el sábado 1 de mayo. Entre las solicitudes de la protesta, se encuentran una disculpa público y/o derecho de réplica en Tercer Grado; y que Televisa dé una postura pública respeto a las declaraciones hechas en el programa.

Las declaraciones se dieron después de que los rumores de ataques del narcotráfico y un supuesto toque de queda decretado por el gobierno en Cuernavaca (Morelos) se esparcieron como reguero de pólvora por Internet, lo que provocó un clima de desconcierto e incertidumbre en la ciudad. Los comentaristas de Tercer Grado acusaron directamente a las redes sociales de promover la psicosis social y la histeria colectiva.

Acotemos un momento. En efecto, algunos usuarios reprodujeron estos rumores a través de las redes sociales, pero el mensaje se distribuyó de igual forma por correo electrónico, llamadas personales, y mediante el boca en boca. Si el rumor de ataques fue creíble, es por culpa de un clima de inseguridad que impera en el país. Yo, que radico en la ciudad de Puebla ---un punto relativamente alejado del narcotráfico--- recibí también mensajes por diferentes medios de un supuesto toque de queda. El problema, como siempre, no son las herramientas, sino cómo se usan. Y aquí no hay disculpa: muchos usuarios sólo copiaron un mensaje que se antojaba verosímil en la coyuntura actual, sin reparar en la fiabilidad de la fuente.

Sin embargo, el problema es la satanización de las redes sociales. Fue la sociedad la que, presa del pánico de la guerra contra el narco, empleó los medios que tenía a su alcance. En este sentido, la penetración y velocidad de las redes sociales ayudaron a propagar el mensaje. Y el gobierno, tan alejado de Internet, no se preocupó por desmentir la situación. La exigencia detrás del #ApagonTelevisa no sólo se centra en demostrarle al corporativo mediático el descontento, sino también "exigir información y estar al tanto de los anuncios de las autoridades en caso de que resurjan estos mensajes apócrifos."

Televisa tiene una relación puramente utilitaria con las redes sociales. Mientras le sirvan para fines propagandísticos, las recibe con brazos abiertos. Pero cuando Internet funciona para destapar el bote de basura (o hallar que el conductor emblema de la empresa no ha pagado multas de tránsito), se desvive en insultos. El desconocimiento del potencial positivo de las redes sociales es evidente en México, al grado de creer ---como sugiere Adela Micha--- que la organización civil no es posible, que hay alguien detrás manipulando a los pobres borreguitos que usan Twitter o Facebook.

No desestimo el gran arrastre que ha tenido la iniciativa (basta con ver que el tema ha sido trending topic durante una semana). Mi única duda es saber cómo medirán el efecto real de #ApagonTelevisa. ¿Con números de rating, con tweets, con alguna consultora externa? Sí, es un hecho que mucha gente apagará su televisor, pero no sabemos cuánta. Sin esa retroalimentación, se pierde información extremadamente útil para situaciones posteriores.

Valdría la pena no sólo centrarse en la protesta, sino en lo que viene después. No basta con desenchufar la TV un par de día, sino con generar contenidos propositivos desde la red, con combatir la desinformación mediante monitoreo ciudadano, con crear un contrapeso para el poder fáctico que representan las televisoras en el país. Tampoco hay que dejar de lado que lo que pasó en Morelos es, en una parte, también responsabilidad nuestra. Olvidarlo y culpar de todo a Televisa no cambia nada, sólo nos pone a su nivel. Porque no encender la pantalla es la parte fácil: veamos cuántos quedan en el barco cuando sea cuestión de construir.