Casi todos los aficionados a la ciencia ficción sabemos de dónde viene el término robot. El creador fue un escritor checo bastante olvidable por otra parte llamado Karel Čapek, aunque éste atribuía la idea original a su hermano Josef. La palabra en cuestión apareció por primera vez en la obra R.U.R.: Rossum's Universal Robots. El propio Isaac Asimov la recordaba como una obra que en sí no valía gran cosa, pero que tenía el mérito de haber trasladado la palabra robot —derivada de robota, que en checo significa «trabajos forzados como los de los siervos de la gleba»— al inglés, y, a través del inglés, a todos los idiomas en los que alguna vez se ha escrito ciencia ficción.

Los robots de la obra en sí no son tan robots como pudiéramos pensar. Son más bien algo parecido a los replicantes de Blade Runner: seres humanos simplificados, fabricados en masa, supuestamente libres de sentimientos y creatividad, creados única y exclusivamente para servir a la humanidad. Como la obra es de los años veinte y de aquella nadie tenía ni idea de lo que era el ADN, el mecanismo que nos propone Čapek es íntegramente industrial, con máquinas que producen piel por metros cuadrados e intestinos por kilómetros. Luego los robots se ensamblan en una línea de montaje, como si fueran coches.

Como bien dice Asimov, la obra no es para echar cohetes precisamente. El diálogo es forzado, la comedia plana, y hay un personaje que se llama Helena Glory pero se podría llamar perfectamente Mecanismo de Exposición, porque es lo único que hace. Dar exposición a la trama y explicarla para un público, suponemos, menos acostumbrado a las convenciones de la ficción especulativa. Y sin embargo, tiene algo. Es una atmósfera, una sensación opresiva. El pesimismo de una historia en la que los malos se saben impunes e intocables y los buenos no tienen ni idea de nada, y van armados de poco más que buenas intenciones. El planteamiento es dramático y oscuro, y el mundo en el que ocurre es fascinante.

En su momento R.U.R. fue un gran éxito, estrenándose casi enseguida en Nueva York (1922) y Londres (1923). Curiosamente, R.U.R. tiene el honor de ser el primer programa de televisión de ciencia ficción jamás emitido —en una versión reducida de 35 minutos— gracias a la BBC en 1938. Su influencia llega hasta la actualidad: en la reciente serie de Joss Whedon, Dollhouse, el nombre de la malvada corporación que juega con el concepto de humanidad y acaba por provocar un apocalipsis es... Rossum. No es casualidad.

Para los que tengáis un ratito, hay una traducción al inglés en el dominio público, y una traducción al español un poco regular publicada en España. Se lee rápido —en bastante menos de los noventa minutos que toma representarla— y, cuando lo hayáis hecho, podréis presumir de haber leído un clásico entre los clásicos.