Hoy en día la “teoría” de la tierra hueca es todavía sorprendemente mantenida como cierta por enorme cantidad de conspiracionistas varios, entre ellos quienes creen que dentro de la tierra viven desde extraterrestres (vaya paradoja) a seres humanos evolucionados, más avanzados que nosotros, los pobres ilusos que vivimos en la superficie, en una inversión total del mito de la caverna platónico. Pero antes de que los nazis, esos generadores de conspiraciones se interesasen en la teoría, hombres brillantes como Edmond Halley -sí, el astrónomo y físico que calculó la órbita del cometa que ahora lleva su nombre-, y Leonhard Euler postularon ideas similares.

Halley creía que la tierra podía estar compuesta por varias esferas, una dentro de la otra, cada una rotando concéntricamente a distintas velocidades, en tanto el genial matemático añadía la existencia de un sol interno central proovedor de energía para este mundo interno. Así, creían, se explicarían algunas anomalías magnéticas que no tenían explicación en su época. Es más, quizás el FSM viva en el centro de la Tierra en algunas de esas esferas internas, en lugar de entre las nubes en el Cielo, desde donde nos mira.

De todos modos, creo que no hace falta que explique que tanto la Ley de Gravedad como la información obtenida de los movimientos sísmicos niegan cualquier posibilidad de que existan tales atmósferas internas, menos aún la existencia de un sol. Estamos hablando del siglo XVII, todavía quedaban bastantes restos de pensamiento mágico entre algunos de aquellos primeros científicos. Y uno podría creer ingenuamente que hoy en día estos motivos serían más que suficientes como para que no creamos que no era ficción la novela "Viaje al centro de la Tierra" de Julio Verne, pero evidente y lamentablemente no es así. Resulta que la cúpula del nazismo tuvo sus encontronazos también con la Teoría de la Relatividad, porque como parte del completo interés que mantenían por lo oculto, creían en una variación igual de extraña pero mucho más curiosa y de algún modo poética de esta teoría. ¿Cuál era su versión? Muy bien, primero una historia:

Aparentemente, los mismos Himmler y Goering aprobaron una expedición de algunos de los técnicos y científicos más importantes de Alemania a la isla de Rugen, en el Mar Báltico, bajo la dirección de Heinz Fisher, experto y pionero en el estudio de los rayos infrarrojos. El objetivo de la expedición era más bien simple: apuntar gran cantidad de radares (de los mejores de la época) al cielo, en un ángulo de exactamente 49 grados. ¿Por qué? Acá es donde se complica: querían matar dos pájaros de un tiro, comprobar científicamente que la tierra es hueca y... divisar a la flota inglesa anclada en ScapaFlow. Así es, porque no sólo postulaban que la tierra es hueca, como otros antes de ellos, sino algo mucho más audaz: que nosotros vivimos en el interior, no en la superficie de la Tierra y por lo tanto el planeta no es convexo sino cóncavo y la "superficie", donde vivimos, se termina pareciendo bastante a una esfera de Dyson.

Si bien posteriormente muchos científicos salieron a defenderse con declaraciones del estilo “yo no fui” o "me obligaron a hacer esos estudios ridículos", muchos de veras creían en ello. Me parece cuando mínimo curiosa la aceptación de tal teoría entre algunos científicos hace poco más de 50 años atrás, pues no estamos hablando de la Edad Media ni de los usuales grupos new age, aunque bien podríamos meterla en la misma bolsa que algunas creencias oscuras y nefastas de la época. Igualmente, la teoría de la tierra cóncava puntualmente me parece muy poética, creo que es una muy buena imagen y digna de una excelente novela de ciencia ficción, en la que la humanidad vive en el centro del Universo y el infinito no es más que roca. En cuanto a la veracidad de dicha teoría, todos sabemos que es falsa pues sabemos que vivimos en un disco sostenido por cuatro elefantes apoyados a su vez en el caparazón de Gran A'Tuin.