De la presentación de ayer de Apple hubo cosas que me gustaron más y cosas que me gustaron menos, los iPods en general me encantaron pero Ping por ejemplo, a mí tampoco me acaba de convencer, por no decir que directamente pienso que no va a llegar a ninguna parte. No es eso sin embargo de lo que quiero hablaros, después de haberse visto las novedades de iOS 4, de los iPods, de iTunes 10... finalmente Steve Jobs hizo una melodramática pausa para encarilar el famoso 'One More Thing' (que en este caso fue un 'One More Hobby', pero bueno), y después llegó la presentación del nuevo Apple TV. Me encantó, desde el primer momento me enamoré de un dispositivo que pasa justo por donde creo que debe pasar el futuro de la distribución de contenidos audiovisuales, por el streaming.

Pero conforme iba avanzando el tiempo esa ilusión se fue tornando poco a poco en frustración, si no vives en EEUU o en algunos países de Europa, entre los que no se incluye España, lo único que tienes es una caja de plástico de $99 dólares muy bonita y con la manzanita mordida estampada. Entonces recordé por qué descargo películas, por qué si me llaman 'pirata' levanto la cabeza y por qué cada día me convenzo más de que así no vamos a ninguna parte. Caí en la cuenta, súbitamente, que lo que para mí un acto como poner el JDownloader a trabajar cada mañana es algo normal, cotidiano y perfectamente legal en mi país, para otros es una amenaza, la ruptura de un modelo y que por ello me convierto en poco menos que en un malhechor equiparable a los que roban bancos enfundados en un pasamontañas.

Pongo otro ejemplo, ahora mismo estoy leyendo la colección de comics de The Walking Dead, porque la AMC está preparando una serie basada en ella para el año que viene. Los estoy leyendo en el iPad, cómodamente, y me está gustando muchísimo, los bajé de Internet, así que no pagué por ellos. A raíz de un post que publiqué en TVlia explicando el proceso y donde me quejaba de que no podía comprarlos de manera legal recibé un reply en Twitter donde me decían que la editorial tenía su aplicación para iPad y que allí podía pagar por ellos, entusiasmado de nuevo, la baje rápidamente y me fui directo a los cómics.

Decepción. Cada uno valía 1.50 € ¿Estoy diciendo que sean caros? No, no es un precio elevado, y pagué por algunos ¿es suficiente? No, ni de lejos. A lo que quiero ir con todo esto es que hace falta que alguna gente se de cuenta de que contra lo gratuito no se puede competir, no se puede, es así de simple. Si tienes, por el motivo, que sea, tu producto disponible de manera gratuita no puedes encasquetar 7 € por una entrada de cine, 18€ por un DVD o poner casi al mismo precio un ebook que un libro físico, es que no se puede.

Yo descargo películas porque no tengo otra opción mejor, porque si quiero hacer uso de un servicio como Netflix en España, tengo que aguantarme por que algún directivo está empeñado en restringir el contenido a fuera de EEUU y necesito pagar mensualmente por un VPN (y pago mensualmente por un VPN). La cultura del todo gratis no significa que lo queramos todo gratis, para mí al menos significa que si algo lo tengo gratis, o me vienes con algo que me aporte un valor añadido ya te puedes ir yendo por donde has venido.

De todo esto me fui dando cuenta mientras veía, frustrado, de que aquel maravilloso Apple TV, por el que estaba dispuesto a pagar y por el que iba a seguir pagando cuando alquilase series se iba a quedar en humo, que al cabo de unos días lo que iba a encender no era ninguna cajita negra con una manzanita, sino mi ordenador de siempre, y, una vez más, iba a hacer doble clic en el icono de JDownloader.

Foto: Techgenie