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Siempre me he preguntado de qué privilegios gozan las celebridades para tener una cuenta verificada de Twitter. Esa palomita azul, ese pequeño distintivo que le asegura al mundo que tú eres tú. Hace un año que la red social sacó este mecanismo para que ciertos personajes distinguidos (políticos, deportistas, cantantes) pudieran autentificarse. La medida obedecía a que muchos usuarios suplantaban la identidad de diferentes personalidades y engañaban a uno que otro incauto. Para evitarse el problema, Twitter decidió añadir esta garantía, y todo resuelto.

En sí, ¿qué hace la verificación? Se encarga de reducir la opacidad tecnológica. De acuerdo con el filósofo Don Ihde, la opacidad es la capacidad de muchas tecnologías para mantener un enigma hermenéutico. Imagina, por ejemplo, el medidor de gasolina de un automóvil. Lo que hace el indicador es referenciar la cantidad de combustible del tanque. No hay manera de que sepas cuánto queda, salvo que corrobores asomándote al contenedor. Como sería muy molesto hacerlo todo el tiempo, le creemos al medidor. Si nos dice que nos queda poca gasolina, vamos y cargamos más. Simple.

Sin embargo, la relación entre el indicador y el tanque es enigmática. No sabemos cuánta gasolina hay en el auto, sólo confiamos en lo que nos diga el medidor. La opacidad de un instrumento varía dependiendo la facilidad de corroborar con el mundo real. Por ejemplo, no es lo mismo revisar el combustible que manipular los controles de una planta nuclear. Es este caso, la opacidad es altísima: no hay manera de meterse al reactor y ver qué reacciones ocurren. Rezamos para que los controles no se hayan descompuesto esa mañana y todo marche como debe.

Si extrapolamos a las redes sociales, el fenómeno continúa. Sólo confiamos que la persona que nos habla sea quien se describe. La identidad es el enigma hermenéutico. Para muy a menudo en los MMOPRGs como World of Warcraft con los GIRLs (siglas de Guy in real life), cuyo modus operandi es conquistar jugadores para después robarles su oro. Piénsenlo un segundo. Nadie sabe (salvo quienes me conocen en la vida real), si realmente me llamo Pepe Flores o es un seudónimo; o si la foto de mi perfil corresponde a mi apariencia. Incluso, ¿cómo saben si escribí este texto, o se lo encargué a alguien más?

Claro que la opacidad tecnológica tiene sus beneficios en las redes sociales. Nos permite explorar posibilidades lúdicas o desdoblamientos de la personalidad. Nos permite crear personajes ficticios, encarnarlos, y dotarlos de una personalidad. Nos permite ser alguien que no somos, una multiplicidad de variantes de nuestro yo. Venga, que filosóficamente estamos hablando de un verdadero quilombo ontológico, pero regresemos a la verificación en Twitter.

¿Para qué necesitamos asegurarnos de la identidad real de una persona? Porque lo que nos importa es la verificación social: que el Kobe Bryant que aparece en la red es el Kobe Bryant que todo mundo conoce en la TV. El trasfondo es sencillo: lo que la verificación de Twitter hace es proteger a la empresa de que algún rico y poderoso lo demande por algo que no dijo. Curiosamente, lo a este personaje se le ocurra publicar puede ser (y probablemente será) usado en su contra. "¡Oh, pero es que [inserte nombre de famoso] dijo en su Twitter que [inserte acción polémica/declaración desafortunada]!". La opacidad desaparece y nuestro pobre famoso queda descubierto.

Sin este pequeño mecanismo, no hay forma de atribuirle las palabras a una celebridad. ¿Por qué? Porque no estamos seguros. Así nos confiamos de que la gente de Twitter hizo bien su trabajo y no nos están tomando el pelo.Desde esta perspectiva, el sistema de verificación implica una jerarquización social. Es como gritar: "¡hey, mira, soy famoso, me merezco una estampita!" Que Twitter corrobore que realmente eres tú quien ostentas en tu cuenta no es un derecho, sino un privilegio. Entiendo que hay muchas razones logísticas detrás. Sería un desastre total si de pronto todos quisieramos garantizar nuestra identidad. Sin embargo, ¿no contraviene un poquito esta idea de que todos somos iguales en la web y demás? La realidad es que, incluso en estos lares, algunos son más iguales que otros.