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Hace un par de días, un tuitero venezolano fue detenido por la policía de Venezuela al tomar algunas fotos del Metro de Caracas. Su detención duro poco tiempo, y fue obligado a borrar las fotografías que había realizado, para permitirle seguir su camino. El servicio de transporte público más importante de la capital de Venezuela presenta un deterioro importante en su calidad, y una infraestructura con muy poco mantenimiento. Últimamente hay constantes retrasos, y la paciencia de sus usuarios se está perdiendo.

En este contexto las fotografías tenían por objeto documentar, en imágenes, algo que todo el país sabe y conoce por haberlo leído en la prensa nacional, por ser un usuario del Metro o simplemente porque alguien nos lo contó. El Metro está funcionando mal. No es un secreto, ni un lugar al que nadie puede entrar. Es uno de los servicios públicos más usados en todo el país.

En medio de las discusiones eternas, que no llegan a nada, que se forman en este país por todo, hay personas que aseguran que está prohibido tomar fotos en el Metro, otros dicen que está prohibido tomar fotos con flash, y por último hay quienes dicen que no está prohibido.

Al final da igual si está prohibido o no. Ninguna policía de la no-fotografía va a poder detener la tecnología. Lo que está ocurriendo en todo el mundo es que las cosas cambiaron. No hace falta tener una gran cámara, que parezca cámara, para tomar fotos decentes y en las cuales se aprecien los detalles de una escena o sitio. Si por el Metro de Caracas pasan en promedio, por día, unas 1.550.784 personas, eso significa que por allí van a pasar 1.550.784 de posibles fotógrafos. Todos armados con el "peligroso" teléfono celular que saca fotos y comete la osadía de enviar tweets. ¿Cuanta policía de la no-fotografía necesitamos para detener al tumulto de fotógrafos descontentos por un mal servicio?

Y esto no ocurre solamente en el Metro de Caracas, está pasando en todos lados, en todo el mundo. Si alguien quiere tomar una foto de algo, en un sitio público al que tenga acceso, lo va a hacer. No hay manera de impedirlo. Y no porque este bien o mal que se tome esa foto. Tampoco es por la rebeldía de los fotógrafos anónimos. Es porque la tecnología lo permite. Nunca ha sido tan fácil tomar una foto, subirla a Internet y compartirla por Twitter o Flickr. Y cada día que pase, será más sencillo, rápido y con mejor calidad. Cada teléfono celular permite tomar fotos de forma rápida, de una manera muy discreta.

¿Recuerdan cuando a los conciertos de rock no se podía entrar con una cámara? Los derechos de autor y de imagen nos prohibían tomar fotos de nuestros artistas favoritos en pleno espectáculo. Es posible que las leyes aun lo prohíban. Todos sabemos la realidad de los conciertos actuales, y como las fotos recorren Facebook y Twitter a la velocidad de un riff de guitarra punk.

¿Quieren seguir perdiendo el tiempo prohibiendo las fotografías?, háganlo. Al único lugar que llegarán será al universo de lo absurdo, de aquel que quiere detener al mar en un agujero de arena.