El domingo pasado, el presidente de México, Felipe Calderón, cumplió un año de estar en Twitter. En poco más de 365 días dentro de la red social, el mandatario ha amasado poco más de 650 mil seguidores --2.5 veces más el margen con el que ganó las elecciones de 2006 (250 mil votos)--. Prácticamente desde que se popularizó su cuenta, el vocero de la Presidencia se ha quedado sin trabajo, pues casi todos los anuncios de trabajo los realiza a través de Twitter, donde tienen una propagación inmediata y una amplificación en los medios tradicionales.

Felipe Calderón goza de bastante impopularidad entre varios sectores de la población a raíz de la Guerra contra el Narcotráfico™, una estrategia de seguridad que ha costado más de 40 mil bajas civiles --o como él prefiere llamarlas, «daños colaterales»--. Por esta razón, no es de extrañarse que Twitter sea un territorio hostil para el mandatario, donde miles de personas le escriben para criticarlo (y en muchas ocasiones, insultarlo) debido a su actuación. Los ejemplos sobran: desde la frase "¡Renuncia, Calderón!" hasta el hashtag #chingatumadrecalderon, el cual se disparó el 10 de mayo (Día de las Madres) y se mantuvo como trending topic principal. Por supuesto, el descontento no se muestra sólo en Internet, sino también en las calles, como en la Marcha Nacional por la Paz del domingo 8.

Ha sido un año turbulento en la red para el mandatario. En su momento, Felipe Calderón reaccionó diciendo que daría un block automático a toda persona que le insultara en Twitter, lo que le valió numerosas críticas sobre hasta dónde se extiende su investidura como presidente y si esta acción significaba una violación al derecho de petición. Al final, ninguna de las demandas ni quejas contra el presidente prosperó.

El presidente mexicano también acaparó los reflectores al anunciar, hace poco más de un mes, que todo el gabinete de gobierno se integraría a la red social. De acuerdo con [un balance publicado este martes], los funcionarios del primer círculo han sacado cerca de 2.700 tweets. El problema es que 55% de este flujo corresponden a Javier Lozano (@JLozanoA), titular de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Aunque se ve un intento por acerca al gobierno a las nuevas tecnologías, lo triste es que impera la visión de Twitter como un mecanismo de propaganda más que de diálogo, donde la información corre de forma unidireccional, con muy pocas opciones para entablar conversación y debate (y ni se diga discusión y crítica).

Así, Calderón cumple su primer año con un balance en el que ha ganado presencia en las redes sociales, pero pierde fuerza al condicionar su participación a tweets meramente informativos, así como a responder sólo a halagos y comentarios positivos. Tampoco es un terreno fértil para la discusión porque buena parte de la población está cansada de la situación de violencia en el país, por lo que mentarle la madre al presidente es el deporte catártico por antonomasia en México. Curioso sexenio el que inició con una persona en la silla grande y termina con una cuenta de Twitter al mando.