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Cada vez que escribo sobre cómo Internet se mueve más y más hacia un paradigma basado en las aplicaciones móviles, algún lector me responde que estoy exagerando. Sin embargo, cada día me encuentro con más ejemplos que justifican este fenómeno. Ya hemos hablado de cómo las apps han superado a la navegación web, de cómo los ordenadores pierden terreno frente a los smartphones y las tablets. Ahora, les traigo otra prueba más: las ganancias que dejan (y dejarán) las tiendas de aplicaciones móviles.

Miremos las cifras: entre la App Store de Apple y el Marketplace de Android cosecharán 7.3 mil millones de dólares de ganancias en 2011, entre compras de aplicaciones y suscripciones. Para 2012, los analistas de las firma Canalys aseguran que reportarán 14.1 mil millones (casi el doble de este año); y para 2015, habrán alcanzado los 36.7 mil millones. Es decir, en sólo cuatro años, las tiendas de aplicaciones móviles casi quintuplicarían el dinero que obtienen.

En este mercado, Apple es quien domina. Se calcula que existen cerca de 200 millones de dispositivos que utilizan iOS en todo el mundo --de los cuales, 25 millones son iPads--. Se calcula que los usuarios de Apple han hecho 14 mil millones de descargas de aplicaciones de la App Store en los últimos tres años. Actualmente, su catálogo asciende a más de 425 mil apps; de las cuales, obtienen 30% de las transacciones de compra o suscripción.

Según Canalys, este nuevo ecosistema basado en las aplicaciones móviles abriría oportunidades para las operadoras telefónicas, quienes podrían desarrollar sus propias tiendas de apps, basadas en la información del usuario conforme a su uso de datos. Así, las proveedoras también tendría su tajada en un pastel cada vez más y más apetitoso.

Entonces, ¿la proliferación de aplicaciones móviles es consecuencia del modelo económico o viceversa? A mi parecer, se trata de un proceso circular en el que el usuario se ha amoldado a un navegación personalizada impuesta por la industria; pero a su vez, demanda productos que provocan que la oferta siga creciendo. Suena como el clásico caso de una burbuja --y quizá lo sea-- pero por el momento, es innegable que mientras el dinero fluya en las aplicaciones móviles, su auge permanecerá. Nos guste o no.