Los años 70 fueron fascinantes desde el punto de vista tecnológico porque marcaron un punto de inflexión en el mundo de la computación, haciendo que los computadores traspasasen la frontera de las Universidades y los grandes centros de investigación y empezasen a calar en las empresas. Si ayer repasábamos la historia del IBM 5100, el primer portátil de la historia (que fue lanzado al mercado en 1975), hoy vamos a continuar por este recorrido histórico por las computadoras de leyenda con el que está ampliamente reconocido como el primer computador personal de la historia, el Kenbak-1, un computador que se empezó a comercializar en 1971.

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El Kenbak-1 fue el primer computador personal de la historia que se comercializó y, sorprendentemente, se lanzó al mercado con un precio de venta de 750 dólares de la época (unos 530 euros), si bien tan sólo se vendieron 40 unidades a través de la revista Scientific American. Este computador fue diseñado por John Blankenbaker en 1970, que además aprovechó la mitad de su apellido para darle nombre a su diseño, por tanto, dado que esta computadora es un año anterior a los procesadores (el Intel 4004 se lanzó en 1971), se implementó en su totalidad mediante circuitos integrados en tecnología TTL y, aún así, se le considera un computador porque implementaba una memoria de 256 bytes, una amplia variedad de operaciones y una velocidad de 1 MHz.

John Blakenbaker tenía en su cabeza el desarrollo de un computador que permitiese realizar cálculos logarítmicos de una manera rápida y, sobre todo, a bajo coste y, siendo estudiante de Ciencias Físicas en la Universidad Estatal de Oregon (en 1949), empezó a documentarse sobre el funcionamiento de los computadores, las válvulas de vacío y el uso de la codificación binaria para la representación de los datos. Comenzó su incursión en el mundo de la computación profundizando sus conocimientos sobre la realización de operaciones en binario y realizó un fallido primer diseño en base a relés. Después de graduarse, en 1952, empezó a trabajar en Hughes Aircraft Company (la empresa de Howard Hughes), en la división de sistemas digitales, donde comenzó a trabajar en el diseño de una unidad aritmética para un procesador de datos y ahí se dio cuenta que un biestable (o flip-flop) era un componente esencial porque era capaz de almacenar un bit (un 1 o un 0), algo que publicaría en 1958 en su artículo Logically microprogrammed computers y que sería la semilla que le hizo pensar en que podría ser viable el diseño de un computador simple para uso personal.

En otoño de 1970, John Blakenbaker se quedó sin empleo y decidió ponerse a trabajar en esa idea de computador personal que le rondaba por la cabeza: un computador de bajo coste que ejecutase sencillos programas. Se puso manos a la obra y pensó que un diseño de circuitos en serie podría ser algo más lento pero reduciría bastante los costes por lo que optó por ese modelo y, teniendo en cuenta que el computador era a pequeña escala, se basaría en lenguaje máquina cumpliendo la arquitectura por Von Neumann. Al ser de bajo coste, las entradas y salidas del computador se hacían mediante interruptores y luces, por tanto, carecía de monitor o de un teclado de entrada o unidades de disco y, además, se basaría en componentes comerciales para facilitar su desarrollo y disminuir costes. Aunque el techo de gasto en componentes se fijó en 150 dólares, el prototipo rondaba los 250 dólares si bien esos costes podrían reducirse gracias a descuentos por volumen en una fabricación en serie.

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El Kenbak-1 constaba de 8 interruptores con los que se codificaba el valor de 1 byte que se podía almacenar en alguna de las 256 posiciones de memoria existentes mediante un par de botones que controlaban la posición en la memoria (Store Address) o el almacenamiento del dato (Store Data) y, además, gracias a las luces (8 también), se mostraban los datos almacenados en la memoria. Los programas, introducidos en código máquina, se ejecutaban mediante un botón de inicio (Start) o un botón de parada (Stop).

Gracias al diseño en serie, las operaciones lógicas se realizaban a nivel de bit y no se trabajaba con los 8 bits de los datos, algo que lo diferenciaba con las calculadoras existentes y que permitió una reducción de costes sacrificando velocidad de proceso ya que los datos pasaban como una ristra de manera continua.

En la primavera de 1971 se terminó la placa de circuito impreso, que viendo las imágenes es impresionante, y se ensambló el primer computador que causó una gran sensación entre los profesionales que lo consideraron idóneo para uso educativo y, precisamente, ahí fueron a parar la gran mayoría de unidades vendidas algo que no ayudó mucho a sus ventas porque los presupuestos de compras de las escuelas se aprobaban de año en año.

Con sólo 40 unidades vendidas (entre 1971 y 1973), el Kenbak-1 fue todo un desconocido para gran parte del público, hasta que el Boston Computer Museum en 1986 se propuso documentar la historia de la computación y convocó un concurso nacional en que tras examinar a 316 candidatos, el Kenbak-1 se hizo con el título del primer computador personal de la historia, algo que ha sido aceptado por, prácticamente, toda la comunidad.

Hoy en día, el Kenbak-1 es una cotizada pieza de colección de la que existen menos de una veintena de máquinas operativas. Aún así, existen kits que permiten reproducir esta computadora y poder probar esta maravilla de la electrónica de los años 70.