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La utilidad de internet como un canal de comunicación libre y sin censura se hace patente una vez más con los videos publicados por personas (periodistas, ciudadanos, da igual) evidenciando los abusos cometidos por integrantes de la Policía Nacional.

Aún cuando, durante las protestas relacionadas con el 15M, se pudo conocer algunos de estos abusos, las acciones de la Policía durante una manifestación autorizada en Madrid a favor de una España laica y aconfesional el pasado 17 de agosto, han sobrepasado los límites de lo legal, de lo tolerable y de lo aceptable.

En relación a esta manifestación son dos los videos que más sorprenden, impactan y que mejor ejemplifican hasta donde puede llegar un policía que cree actuar en impunidad, que cree que nadie lo ve y que sus abusos no se pueden comprobar. El primero es de Patricia Horrillo, periodista digital quien dejó su teléfono grabando video, aunque apuntara al piso mientras era víctima de amenazas y golpes:

¡¿Que no te levante la voz?! ¡Como te meta una ostia, verás!

El segundo video muestra cómo los policías primero agreden a una pareja de jóvenes sin motivo real. Mientras la chica increpa a los policías por sus acciones, estos responden a golpes y gritos. Echando de la calle a una persona como si se tratara de un indeseable que no merece estar ahí, aún cuando tiene todo el derecho de hacerlo. De nada sirve que su acompañante la intentara sacar, los policías responden con más golpes.

En paralelo el fotógrafo Daniel Nuevo, que tuvo la terrible suerte de estar en el lugar incorrecto, en el momento incorrecto (aunque en un estado democrático, en presencia policial no debería nadie sentirse amenazado), sin explicación alguna, recibe una serie de golpes que lo dejan echado en el piso. Daniel relata lo sucedido.

No haré juicios de valor acerca de la carencia educativa o cultural de estos policías porque no los conozco y porque es irrelevante. Solo puedo remitirme a las pruebas, los videos, donde se muestra abusos injustificables. Acciones que si se cometieran en otros países serían reprobadas por organismos internacionales de derecho, por el mismo gobierno de España, hoy quedan impunes, pero no ante la opinión pública gracias a la valentía de unos ciudadanos y al internet como canal de comunicación global, libre y sin censura.