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Antes que nada; les quiero decir lo que pienso sobre la serie:

The Walking Dead, es como un zombie; va lenta, parece que nunca nos va a atrapar, y de repente, la tenemos masticando nuestra yugular. Conozco poca gente que la haya enfrentado y que no haya sido “contagiada” por su mordida.

Y les quiero comentar las 5 cosas que más me gustan de la trama del policía, su amigo (aunque es más amigo de su mujer), la familia y el resto de la tribu.

  1. La relación viva entre el cómic y la serie. Gale Anne Hurd, productora de la versión en TV, dijo que al autor, Robert Kirkman, le interesó el tema de hacer distintas variantes de su historia y que está considerando incluir personajes del guión televisivo en la historieta. Van por carriles diferentes (y está bien porque son dos lenguajes distintos), pero por ahí, historieta y tira de TV se intercomunican.

  2. Las actuaciones son ¡maravillosas! No sé por qué, pero mi favorito es Dale, interpretado por Jeffrey DeMunn, el vejete de la camioneta funciona como el "sabio" del grupo. El que pone la pausa, como esos volantes al estilo Iniesta, que juegan a otro tiempo que el resto. No obstante, el personaje en el cómic es aún más oscuro, por su pasado tormentoso (no digo más, aunque estoy muy tentado). En contraposición se encuentra un wing izquierdo ligerito (siguiendo la torpe analogía con el fútbol), llamado Glenn (Steven Yeun), el coreano que antes de que todo terminara (o empezara) se dedicaba al delivery de pizzas. Si aparece Glenn, es que arranca la acción.

  3. Me gusta fundamentalmente Lori Grimes (interpretada por Sarah Wayne Callies) y les pido que me eximan de las argumentaciones.

  4. A pesar de todos los clichés, de las temáticas remanidas, de que se vieron cientos de películas sobre comatosos que recuperan el aliento como si nada, de zombies que se comen el mundo, de héroes -PELIGRO DE SPOILER- con cuernos prolijamente colocados por su mejor amigo, a pesar de todo eso junto, el conjunto luce original. La trama va por otros lados. La estética también ayuda a crear atmósferas diferentes, pero es el guión el que siempre se escapa por los lugares menos pensados.

  5. Pero lo que me más me interesa de The Walking Dead es el hecho de... que haya reinventado a los zombies. ¿Por qué digo esto? Es más largo de explicar.

Siempre odié las películas de zombies. No entendía el fondo de la cuestión. Me sentaba al borde del sofá, cuando veía uno de estos filmes, y bramaba cosas como estas: “Cómo puede ser que ese cadáver, al que le falta la tibia y el peroné, arrastrando lo que le queda de humanidad, termine comiéndose al musculoso del Fal”.

Ustedes dirán que no hay que pedirle lógica a las películas de zombies. ¡Que se tratan de muertos que viven! Sí, ya sé, no exijo que todo sea explicable, sino eso que debe existir en toda narración bien construida: respetar los pactos ficcionales y las leyes internas. Seguramente es un problema mío. También odiaba, en las series de Batman de los 60, cuando el murciélago panzón lograba escaparse de la sierra eléctrica, o de lo que fuere, sólo recurriendo a un artilugio estrambótico diferente de su Baticinturón. Aún en tiras más bien humorísticas, no soporto esas trampas.

Por eso odiaba las películas de zombies. No entendía su lógica. Salvo en dos excepciones. Las últimas de George Romero (especialmente “La tierra de los muertos vivientes”) y la de Robert Rodríguez, “Planet Terror”. Éstas me resultan consistentes, porque en el fondo, son, respectivamente, una exageración y una burla al género. Además, Romero y Rodríguez vehiculizaron a través de los cuerpos sin alma una posición política. Eran "muertos vivos" aquellos, pero bien podrían haber sido -dentro de la ironía planteada por ambos directores- soldados extranjeros, marginales o indignados. En estas películas, los cadáveres caminantes son una metáfora de todo aquello que el Gobierno de Estados Unidos ve como una amenaza. Y en el caso de Rodríguez, su sentido del humor hace que si mañana se pone a hacer una película sobre Hello Kitty! también sea de la hostia.

Pero bien, entremos de lleno en The Walking Dead: aquí no hay mucho humor, y el acento tampoco está puesto deliberadamente en lo político. El encanto del ciclo que lanzó AMC el año pasado y que ya va por su segunda temporada, está en su planteamiento más profundo y en su particular ritmo.

Lo mejor aquí sucede cuando no pasa nada. Cuando supuestamente no pasa nada. Mi serie favorita, en la infancia, era “El Increíble Hulk”. Como le sucedió a la mayoría de los chicos de mi generación, sólo nos gustaba cuando el bueno de Banner se ponía verde. Esa escena de transformación, que habremos visto 2432 veces, nos mantenía pegado al tele el resto de la hora (de lo que entendíamos poco y nada). Después empecé a darme cuenta de que en Hulk, también lo mejor sucedía cuando Lou Ferrigno se apagaba. Que aquella no era una historia sobre superhéroes, sino sobre la soledad.

En TWD logran que lo más interesante se despliegue en los (supuestos) tiempos muertos. De hecho, los puntos bajos de la serie, asoman cuando quieren imprimirle ritmo y sumarles elementos de acción de manera desbordada. El final de la primera temporada, por ejemplo, muy cargado de información, es un mal cierre para una gran ciclo. Hay más casos fallidos -ALERTA DE SPOILER-: cuando los sobrevivientes entran en la iglesia y allí están los cuerpecillos orando, un tremendo bolazo que sólo tiene la misión de dar pie a la cacería trepidante.

Porque el gran acierto de TWD es que su temática no son los zombies, sino las relaciones humanas. Cómo funcionan las conexiones entre hombres y mujeres cuando lo peor sucede. Tan bien logrado está esto, que la producción protagonizada por el ascético Andrew Lincoln, es realista a pesar de lo fantasioso del género. Entonces, como todo lo demás lo es, el recurso de los muertos vivos se vuelve creíble.

¿Cómo The Walking Dead reinventó a los Zombies? Anulándolos. Sacándole protagonismo. Dejándolos sólo como telón de fondo. Matándolos, como en ninguna otra ficción del género, para que vivan las historias de los hombres.

Ustedes dirán: pero bueno, hubo otras ficciones que buscaron lo mismo. Sí, no es nuevo. Pero rescato de la trama del policía a la fuga, que es la primera que lo hace realmente bien. La primera que no tiene que apelar ni a lo humorístico (aunque un poco de humor no le vendría mal), ni a lo político, ni a la exageración de los clichés del género para devorar plateas.