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En un clásico estudio de 2000, Eleanor Maguire realizó una serie de escáneres cerebrales a un grupo de taxistas de Londres para ver el tamaño de un área del cerebro llamada hipocampo y determinar si este tamaño varía con la práctica. Ahora ha publicado un nuevo estudio que confirma la plasticidad del cerebro incluso en la edad adulta.

El hipocampo

Santiago Ramón y Cajal, padre de la neurociencia, ya estudió el hipocampo y lo plasmó en una de sus maravillosas láminas. El hipocampo ha sido objeto de numerosas investigaciones y hoy se le atribuyen dos funciones: su papel es fundamental en la memoria y es responsable de la navegación que realizamos por el espacio. Además es una de las pocas estructuras donde se generan nuevas neuronas.

En relación a la memoria, el hipocampo es responsable del paso de la memoria a corto plazo a la memoria a largo plazo. Esto se hizo evidente en el fascinante caso del paciente H.M. (Henry Gustav Molaison llamado así para preservar su identidad hasta su muerte ocurrida en 2009). H.M. sufría una epilepsia feroz que le impedía llevar una vida normal con varios episodios al día. Localizaron el foco en el hipocampo y se lo extirparon por completo. La epilepsia se curó, pero las consecuencias sobre su memoria fueron devastadoras. Brenda Milner siguió su caso y realizó observaciones que han resultado imprescindibles. H.M. mantenía sus recuerdos anteriores a la operación, señal de estos no se encuentran localizados en el hipocampo (de hecho, los recuerdos están repartidos por toda la corteza cerebral). También era capaz de adquirir nuevas destrezas (dibujar una estrella que se reflejaba en un espejo). Y mantenía una buena memoria a corto plazo (repetir un número de teléfono). Pero era incapaz de adquirir nuevos recuerdos llamados declarativos (personas, cosas, acontecimientos). Cada día que se encontraba con Milner durante todos los años de relación la saludaba como si no la hubiera visto nunca. Como es de esperar, el hipocampo es una de las primeras zonas atacadas por el mal de Alzheimer.

El hipocampo contiene también las células de lugar. Neuronas que nos indican dónde estamos y cómo orientarnos en un espacio determinado. Es un mapa cognitivo, una representación neural del medio ambiente. Es el cartógrafo del cerebro. De nuevo, una de los primeros síntomas del mal de Alzheimer es desorientarse, perderse.

¿Por qué dos funciones aparentemente distintas se hallan en la misma estructura. Quizá porque como dice Maguire:

La habilidad para situarnos espacialmente en el entorno y para recordar las cosas que allí han ocurrido - pensamos que en las dos interviene el hipocampo - son fundamentales para funcionar en la vida diaria.

El hipocampo de los taxistas de Londres

Maguire se preguntó ¿igual que cuando ejercitamos un músculo este crece, crecen también las áreas cerebrales que ejercitamos? Y por lo tanto ¿se modifica el cerebro durante toda la vida y no solo en la infancia? Para comprobarlo estudió el cerebro de los taxistas de Londres.

Los taxistas de Londres tiene que superar una durísima prueba para obtener la licencia. Se llama The Knowledge y consiste en memorizar 25.000 calles y miles de lugares. El aprendizaje medio es de 3 a 4 años y solo la mitad de los aspirantes aprueba.

En el estudio de 2000, Maguire escaneó el cerebro de los taxistas y demostró que en ellos es mayor el hipocampo posterior. En este nuevo estudio, ha realizado un seguimiento de en grupo de 79 que intentaron superar The Knowledge tomando imágenes con resonancia magnética durante el tiempo de preparación. De ellos solo 39 superaron el examen. Esto proporcionaba a los investigadores tres grupos de estudio: los que lo intentaron y lo consiguieron, los que lo intentaron pero no lo consiguieron y un grupo de control de sujetos que no lo habían intentado. Los resultados mostraron que no había diferencias al principio del aprendizaje pero que tras 4 años, los aspirantes que habían superado la prueba tenían un hipocampo posterior significativamente mayor.

El cerebro cambia constantemente por efecto del entrenamiento y la experiencia y la plasticidad continua toda la vida si bien con menor vigor que en los primeros años. Nunca es tarde para aprender.