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Pocos proyectos hay tan emocionantes como Raspberry Pi. Ya hemos hablado de ella en otras ocasiones, pero si acaso no sabes de qué hablo, te cuento que es una especie de mini (¿micro?) computadora diseñada expresamente para la educación:

Promover el estudio de las ciencias de la computación y temas relacionados, especialmente a nivel escolar, y regresar la diversión al aprendizaje de la computación.

Raspberry Pi es un proyecto cocinado desde hace 6 años, con académicos e ingenieros ingleses con la idea inicial de entusiasmar a sus alumnos más pequeños en la programación y construcción de computadoras. Pero lo que comenzó siendo una memoria USB con un puerto HDMI en un extremo, hoy es una PC completa, hecha toda un producto comercial que está causando sensación en la red.

El pasado 29 de febrero fue la fecha marcada para el lanzamiento comercial de Raspberry Pi. Con el apoyo de dos de las mayores distribuidoras de componentes electrónicos, fueron producidas 10.000 placas en China que serán distribuidas por todo el planeta. Vienen muchas más en camino. Como resultado, la web del proyecto se vio ahogada por la inmensa cantidad de peticiones para pre-ordenar la placa "Model B" de 35 dólares (ver diagrama; por cierto, la placa "Model A" de 25 dóls. será lanzada en los próximos meses).

Tenemos ante nosotros un proyecto "con ADN abierto", pensado para compartir y producir conocimiento, que se convierte en un acontecimiento comercial. Un triunfo de la cultura libre que reúne licencias GPL, Creative Commons, con software y hardware libre, inspirado en grandes como Linux y Arduino...

Y así vemos que esta semana el mundo de la tecnología es capaz de ofrecernos dos paradigmas diametralmente opuestos: uno en pos de una economía de consumo vibrante, de obsolescencia programada, representada por el iPad 3 y otro, más humilde, de dineros que irán a parar a causas benéficas, construido sobre una base social como es el Raspberry Pi, que sorprende por su potencial educativo en cualquier contexto socioeconómico, sin patentes, DRMs, ni despachos de abogados de por medio, como debe ser, por lo menos cuando de educación se trata, digo yo.