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Épica. No me viene a la mente otro calificativo para la película de "The Avengers". Joss Whedon ha despejado todas las dudas que se cernían sobre la apuesta más ambiciosa en el cine de superhéroes. El director ha logrado que, en un género acostumbrado a la hipérbole, todo se sienta equilibrado. Una épica en el termino estricto de la palabra: una historia legendaria que se siente palpable, real, identificable. Un relato sobre la génesis el equipo de superhéroes más reconocido del planeta -con perdón de la Liga de la Justicia-, donde la acción es el hilo conductor del nacimiento del héroe a través del sacrificio, del estoicismo, de la renuncia a la individualidad en el beneficio del colectivo.

El guión es el primer protagonista. Aunque se construye bajo una premisa muy básica -Loki amenaza a la Tierra, los Vengadores deben defenderla-, se consigue un relato bien estructurado, dinámico y estable. Los diálogos son ágiles, con muchos toques cómicos, pero sin llegar a abusar del chiste fácil. El guión permite una película de acción que no sólo depende de golpes y explosiones para mantenernos en el vilo del asiento, sino que permite tejer una red intrincada de relaciones que termina por construir una historia fascinante.

En lo actoral, Samuel L. Jackson nos regala un Nick Fury testarudo y pragmático, emblema de ese famoso whatever it takes tan norteamericano. Robert Downey Jr. llena la pantalla con cada aparición, dentro o fuera del traje de Iron Man. Chris Evans destierra todas las dudas sembradas en "Captain America: First Avenger", y nos otorga una actuación más que convincente. Chris Hemsworth (Thor) es el único de los principales que pasa un tanto desapercibido, pero se redime en sus enfrentamientos fraternales con Loki.

En los agentes de SHIELD, Scarlett Johansson (Black Widow) recibe un generoso tiempo en pantalla, aprovechando cada escena para exhibir su aura de femme fatale. Jeremy Renner (Hawkeye) tiene una actuación atinada -sobre todo en el inicio-, aunque es el más flojo de todos. Clark Gregg (Phil Coulson) se hace memorable, mientras que Coby Smulders (Maria Hill), tiene un desempeño más testimonial, aunque luce durante las secuencias de acción.

Mención aparte merece Mark Ruffalo. Su papel como Bruce Banner puede considerarse como el casting más sorprendente de los últimos filmes de Marvel. Mientras que sus antecesores (Eric Bana y Edward Norton) habían optado por explotar la tortura interna del personaje, Ruffalo opta por la otra ruta. Este Bruce Banner, lejos de vivir atormentado y negando de su condición, se presenta como la imagen de la resignación. Ruffalo entiende que Banner es un hombre maldito, condenado a contener una fuerza superior dentro de sí. Como tal, abraza su destino, su dualidad, al "otro tipo". Así, se da lujo de reírse de sí mismo, de no tomarse tan en serio. Y Hulk... bueno, haciendo lo que mejor sabe: Hulk aplasta.

También Tom Hiddleston (Loki) nos otorga una actuación sobresaliente. Un villano a la altura de The Avengers, no por su maldad, sino por sus conflictos internos. Al igual que los héroes, es un hombre con problemas para encajar -por momentos, ni siquiera encaja en la figura del villano convencional-. Hiddleston brilla en sus confrontaciones: sus discusiones con Thor, Nick Fury, Black Widow y Tony Stark son puntos esenciales que construyen la columna vertebral de la cinta. Hay que tener un nivel histriónico muy decente para lucir amenazador con ese casco de cuernos.

Técnicamente, la cinta ha sido muy cuidada. Se nota la inversión en efectos especiales, los cuales dejan boquiabierto al público (especialmente en la versión en 3D). La edición también se ha hecho con suma dedicación, ya que en ningún momento se sienten altibajos. Por el contrario, pese a la duración del metraje (2:30 horas), se mantiene un ritmo trepidante sin llegar ser desgastante o excesivo. La música es, quizá, su punto más bajo, pero ni la banda sonora ni la mezcla de FX fallan en el acompañamiento de escenas.

Al final, es resultado es una orquesta que, bajo la tutela de Whedon, consigue interpretar una película fantástica. Cada quien cumple -y de sobra- sin opacar a los demás. La cinta es, en sí misma, una alegoría de lo que ocurre en pantalla: un conjunto de elementos inestables y volátiles que, en manos inexpertas, llevarían al caos. Ahí es donde Whedon consigue que sus estrellas se conviertan en constelación; y su trabajo, en una épica. Así, bajo la premisa de "uno para todos, todos para uno", nació la mejor cinta de la generación Marvel hasta ahora.