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Dos años y diez millones de dólares después, la NASA mostrará los resultados de sus experimentos con granjas de algas para la creación de biocombustibles. Para esta investigación, han desarrollado un sistema que permite crecer estas plantas en bolsas de plástico que floten en el agua. Estas granjas se colocarían cerca de las instalaciones de tratamiento de aguas residuales -las cuales ofrecen muchos nutrientes sin aprovechar- y darían como resultado una fuente importante de combustible orgánico.

Las algas han cobrado fuerza después de los problemas económicos causados por el uso de etanol extraído del maíz. El objetivo es hallar una alternativa de bajo coste que permita la obtención de biocombustibles. En muchos aspectos, el sistema de bolsas flotantes es una solución. Desde hace tiempo, se han empleado algas para crear combustibles; sin embargo, éstas requieren de una alta dosis de fertilizante para crecer rápidamente. El agua residual es una excelente fuente de nutrientes, pero trasladarla a los estanques de algas es costoso. La respuesta: llevar las algas directo a la fuente, gracias a las granjas de plástico.

¿Cuál es la efectividad de este sistema? De acuerdo a los resultados, con cinco kilómetros cuadrados de granjas, se podrían obtener hasta 9 millones de litros (2.4 millones de galones) de biocombustible al año. Una prueba realizada en San Francisco demostró que cuatro granjas de nueve metros puede producir hasta 2,000 galones por acre (más o menos, 19 mil litros por hectárea). Además, existe la ventaja de que las granjas de algas no necesitan un sistema de enfriamiento -un problema muy común en los estanques artificiales-, ya que el agua que rodea la bolsa ayuda a ese propósito.

Aunque los avances son significativos, existen algunos problemas técnicos por resolver. El principal es la gran cantidad de plástico que se emplearía. Los contenedores de las algas tendrían que cambiarse cada año, así como sustituir aquellas que se deterioren por fenómenos naturales -como una tormenta-. Si una bolsa se rompe, no existe riesgo de contaminación, ya que el alga perecería en el agua residual, con un escaso impacto ambiental. Así mismo, las bolsas que ya han sido empleadas en granjas pueden ser recicladas -después de un proceso de limpieza- o reutilizadas.

Los expertos aún no calculan cuánto costaría hacer una granja de un tamaño significativo. Por ejemplo, estiman que en San Francisco hay suficientes aguas residuales como para instalar una de 480 hectáreas. Los resultados son mejores en zonas cálidas y soleadas, por lo que suena interesante como una opción para países emergentes con estos climas.