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Open Data

Las Administraciones Públicas, independientemente de su ámbito, suelen emplear bastantes recursos económicos en la recopilación de datos cartográficos, orografía del terreno, horarios del transporte público, datos estadísticos, etc. Todos estos datos, en algunas ocasiones, suelen duplicarse al no compartirse entre administraciones y, por tanto, implica la duplicación de esfuerzos y exceso de gasto. Teniendo en cuenta que la recopilación de los datos se realiza con presupuestos públicos tiene bastante sentido que todos estos datos puedan revertirse en la ciudadanía para que puedan ser reutilizados en otras aplicaciones o generar servicios de valor.

El Open Data, precisamente, se apoya en los pilares de reutilizar y compartir datos para que éstos estén disponibles en formatos estándar (haciendo más sencillo su procesado) y libres de restricciones, patentes o copyright. Esta filosofía considera que un dato que se ha recopilado gracias a los impuestos del ciudadano debe revertir en la ciudadanía, abriendo la puerta a que empresas y otras administraciones públicas puedan crear aplicaciones que se nutran de estos datos.

Si tenemos en cuenta el origen de los datos, es decir, las Administraciones Públicas o los centros de investigación, podemos considerar que son datos fiables y veraces, dos detalles de suma importancia a la hora de procesarlos en una aplicación y facilitar el desarrollo de nuevas ideas de negocio y servicios (aplicaciones móviles con datos de transporte público, estado del tráfico, etc). Si recordamos un momento el vídeo de presentación de Project Glass, las gafas de realidad aumentada de Google, podíamos ver cómo se mostraba información relativa a un incidente en el metro que imposibilitaba su uso, una información que podría obtenerse gracias a una iniciativa que apueste por compartir este tipo de información de servicio público.

¿Y tiene sentido compartir datos? Desde el punto de vista del ciudadano es una interesante forma de acercarle la Administración y poner en valor los servicios públicos. Cara a las empresas es una oportunidad de negocio para mejorar su cartera de servicios y, desde el punto de vista de lo público, establecer un catálogo de datos públicos que puedan reutilizarse es una buena forma de evitar la duplicación de esfuerzos si otra Administración quiere recopilar datos similares.

Servicios como OpenStreetMap, por ejemplo, tienen en el Open Data una gran fuente de información para mejorar la calidad de los mapas que ofrecen (además del crowdsourcing) gracias a que las Administraciones comienzan a asumir esta filosofía (aunque a veces lo asumen de manera demasiado conservadora).

Afortunadamente, parece que por fin las Administraciones comienzan a asumir modelos algo más transparentes y, lógicamente, compartir sus datos es una forma de adoptar estos modelos. Uno de los servicios que más alto ha puesto el listón es el Ayuntamiento de Londres con el London Data Store o el propio Gobierno de Reino Unido donde podemos encontrar gran cantidad de datos públicos o, incluso, aplicaciones móviles que explotan toda esta información para conocer la calidad del agua, horarios de autobús o localizar un buzón en cualquier ciudad del país.

En Latinoamérica encontramos algunos ejemplos en la Ciudad de Buenos Aires, Montevideo en Uruguay (cuyos datos, por ejemplo, utiliza OpenStreetMap), el Gobierno de Chile, Colombia o Perú. En España también encontramos algunas iniciativas a nivel estatal con el Proyecto Aporta y a nivel regional en Andalucía, Euskadi o Cataluña entre otras iniciativas.

Si bien aún queda mucho camino por recorrer, tal y como se dice en una frase que se atribuye a Lao-Tsé, un viaje de mil millas comienza con un solo paso.