El jueves pasado, el diario inglés The Guardian reportó sobre una serie de documentos que involucraban a Televisa con una estrategia propagandística para posicionar a Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, rumbo a la Presidencia de México. El reportaje sacudió a Televisa, quien reclamó airadamente por la autenticidad de los documentos e incluso solicitó una disculpa pública. The Guardian respondió con una justificación -mediante pruebas cruzadas y corroboración de hechos- para sostener sus acusaciones. Incluso publicó una fe de errores, la cual fue aprovechada por la televisora para aducir que el diario había sido desmentido.

Ahora el diario británico ha decidido excavar más profundo -como en su momento hiciera con el caso de Rupert Murdoch- para mantener su argumento. Hoy ha revelado un cable filtrado por WikiLeaks en el que el gobierno de Estados Unidos muestra su consternación por la relación tan cercana entre Enrique Peña Nieto y Televisa. Por ejemplo, un documento de 2009, firmado por oficiales de Estados Unidos, señala que "es ampliamente aceptado (...) que el monopolio televisivo de Televisa apoya al gobernador [Peña Nieto] y le da un extraordinario tiempo al aire y otro tipo de coberturas".

En otro cable, cuya fecha data de 2006, se señala el respeto (casi temor) que profesan los políticos a las cadenas televisivas en el país. En la coyuntura, la ley Televisa estaba en pleno debate, recién aprobada por la Cámara de Diputados. "Con la campaña en plena ebullición, nadie parece querer enfadar a Televisa o Azteca por miedo a perder tiempos privilegiados de publicidad a buen precio". El documento también señala que es dudoso que algún legislador quisiera arriesgar su futuro político en ese contexto. Al final, dicha ley fue rechazada por la Suprema Corte.

Los cables también mencionan que, a pesar de la ley electoral aprobada en 2007 -la cual enfadó a las cadenas por hacerlas perder carretadas de dinero por publicidad partidista-, los políticos hallaban formas para esquivar las restricciones. Así mismo, los oficiales de EE.UU. indican que los periodistas (o sus jefes) aún mantienen la "tradición electoral de vender prensa favorable o cobertura mediática a candidatos y partidos".

Aunque aceptada por la mayoría, aún hay voces críticas (entre las que se incluye la de Televisa) que están renuentes a creer en la campaña de Televisa a favor del candidato del PRI. Ante la imposibilidad de autenticar los documentos que posee The Guardian, el diario ha optado por mostrar cómo la realidad responde a las afirmaciones que hacen para hacer una corroboración indirecta. A propósito, el artículo "La senda del rockstar", publicado en Nexos, muestra fragmentos que coinciden con lo que sostiene el informativo ingles:

Con el estallido de la pluralidad y la competencia democrática que vivía el país, los grandes medios de comunicación eran más necesarios que nunca para ganar elecciones. “La democracia es un buen cliente”, dijo por esas fechas Emilio Azcárraga Jean ante la Cámara de Comercio México-Estados Unidos. Para atender a ese nuevo cliente, Televisa abrió una ventana de mercadotecnia política, lo mismo que TV Azteca. La responsabilidad en Televisa fue asumida por Alejandro Quintero, vicepresidente de comercialización de la televisora, uno de los pioneros de la mercadotecnia en México, con años de experiencia en la publicidad y la comunicación en el grupo TVPromo, que desde 1980 trabajaba en alianza con Televisa.

En enero Peña Nieto acudió a su primera junta de estrategia con un equipo de trabajo con Quintero y un equipo de trabajo en el que destacaban Liébano Sáenz y Ana María Olabuenaga. (...) Ni Quintero, ni Sáenz ni Olabuenaga conocían a Peña Nieto. Lo conocieron en esa junta, que consistió en una larga entrevista. Cuando terminó la junta las debilidades del nuevo cliente eran claras: apenas lo conocían en el estado, era visto despectivamente como uno de los golden boys del gobernador y había poco tiempo para darlo a conocer: tres meses de campaña. También quedaron claras sus fortalezas, la mayor de las cuales se le impuso a Olabuenaga a poco de verlo, escucharlo, observar sus gestos. Había que hacer, dijo, una campaña de rockstar. Vender no al partido, que era invendible, ni las propuestas del candidato, que nadie recordaría, sino al personaje Peña Nieto

La siguiente reunión de trabajo fue en Toluca. A ella llegó Yessica de Lamadrid, como enlace operativo del equipo con el candidato. Yessica es originaria de Chihuahua: joven, atractiva, lista, ambiciosa, egresada del Tecnológico de Monterrey. Había trabajado en la Oficina de la Presidencia y en la Secretaría de Gobernación, y había llegado con Quintero por su relación con Santiago Creel. (...) El 2 de febrero se presentó la propuesta de estrategia en la que Peña Nieto “sería la figura principal de la campaña”, dice Yessica de Lamadrid. Era lo que había planteado, desde el principio, Ana María Olabuenaga: Peña Nieto en el centro de los reflectores, muy cerca de la gente, “sin hablar jamás de sus adversarios, ni de los calificativos que le habían dado en tono de burla”. Enrique Peña dijo simplemente “me gusta”.

Televisa, ¿en serio crees que puedes tapar el sol con un copete?