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Gabriel García Márquez no volverá a escribir. Su hermano Jaime ha confirmado que padece demencia senil. A la edad de 85 años el autor del inigualable Cien años de soledad se encuentra físicamente bien aunque padece conflictos de memoria.

Gabo

Pocas novelas me han causado una impresión tan honda como Cien años de soledad. Salía del colegio ansioso por llegar a casa, retomar su lectura y sumergirme en el fascinante mundo de Macondo. Recuerdo pocos detalles pero mantengo vívida en la memoria la atmósfera mágica y la narración vigorosa de la saga de los Buendía. Historias mágicas hay muchas, más en la narrativa actual llena de duendes, trolls zombies y vampiros, pero el realismo mágico de la novela es sumamente original. Niños que nacen con cola de cerdo mezclados en un universo realista, crudo incluso, en el que el único que cuida al patriarca José Arcadio Buendía es su antiguo rival, Prudencio Aguilar al que había matado en una pelea de gallos y que se le aparece dos veces al día para conversar con él y cuidarlo.

Otras obras suyas me causaron no menos placer. El amor en los tiempos del cólera, Relato de un naufrago, sus memorias Vivir para contarla, o la inquietante Crónica de una muerte anunciada, una novela de intriga que paradójicamente comienza con el desenlace:

El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo. Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por un instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros.

El mundo entero se rindió a sus pies y sus novelas obtuvieron un éxito continuo. Cien años de soledad se tradujo a 35 idiomas y ha vendido más de 30 millones de ejemplares. Tuvo que enviar el manuscrito al editor en Buenos Aires en dos partes ya que no tenía dinero para un único envío. Gabo recibió el Premio Nobel de Literatura en 1982. Es uno de los mejores escritores latinoamericanos, pero no solo eso, es también uno de los mejores en castellano y de la literatura universal.

García Márquez había vivido la demencia en casa, ya que su madre y su hermano murieron aquejados de Alzheimer. Algo de ello, premonitorio, rondaba su cabeza cuando narró como los habitantes de Macondo sufrían la enfermedad del insomnio que degeneraba en olvido:

Pero la india les explicó que lo más temible de la enfermedad del insomnio no era la imposibilidad de dormir, pues el cuerpo no sentía cansancio alguno, sino su inexorable evolución hacia una manifestación más crítica: el olvido. Quería decir que cuando el enfermo se acostumbraba a su estado de vigilia, empezaban a borrarse de su memoria los recuerdos de la infancia, luego el nombre y la noción de las cosas, y por último la identidad de las personas y aun la conciencia del propio ser, hasta hundirse en una especie de idiotez sin pasado.

García Márquez se encuentra físicamente bien aunque ya no está en condiciones de escribir. Según su hermano, "conserva el humor, la alegría y el entusiasmo que siempre ha tenido".

En la familia todos sufrimos de demencia senil y él ya tiene los estragos que se le adelantaron debido al cáncer que le puso en una situación casi de muerte. La quimioterapia le salvó la vida, pero también acabó con muchas neuronas, muchas defensas y células y se le aceleró el proceso.

El Alzheimer y las demencias seniles en general son la gran epidemia de nuestros tiempos. Allí donde la esperanza de vida crece, aparecen sus efectos devastadores. Se supone que una vida intelectual activa preserva el cerebro del deterioro en lo que se llama reserva cognitiva, pero a los 85 años, ni siquiera uno de los genios de nuestra época puede sustraerse por completo a su acción.

...las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra.

Gracias eternas, Gabo. La vida es más hermosa gracias a ti.