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Hace una semana que se inauguraron oficialmente los Juegos Olímpicos de Londres 2012 (si bien las pruebas deportivas comenzaron un par de días antes) y, por lo que podemos ver en los medios de comunicación, la organización de los juegos ha dotado a la ciudad de nuevas infraestructuras e instalaciones como, por ejemplo, la denominada "Villa Olímpica", es decir, la residencia que sirve de alojamiento a los deportistas participantes. Uno de los detalles que más llama la atención de estos alojamientos es que entre las prohibiciones existentes, además de las armas, se ha prohibido a los deportistas montar redes Wi-Fi personales, es decir, activar el modo hotspot de sus smartphones y tabletas y compartir así su conexión a Internet con otros deportistas. De hecho, para hacer cumplir esta norma, la organización ha desplegado a unos técnicos de campo (conocidos ya como "la Policía del Wi-Fi") que se dedican a localizar puntos de acceso Wi-Fi no autorizados.

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La noticia, que está recorriendo el mundo entero, bajo mi punto de vista, es bastante curiosa porque creo que muestra muy bien "lo artificiales" que se están volviendo los grandes eventos deportivos ya que esta medida no responde a criterios vinculados a la seguridad o al secreto de las comunicaciones sino que, simplemente, se deben al compromiso de la organización con sus patrocinadores. Un evento de estas características, además del apoyo estatal, requiere de la aportación de capital de entidades privadas que, lógicamente, solicitan una contraprestación en publicidad y también en ciertos derechos de exclusividad.

En el caso de las comunicaciones, BT (British Telecom) es uno de los patrocinadores del evento y, además de patrocinar, decidió "sacar tajada" del evento y recuperar parte de la inversión haciendo negocio. ¿Y cuál es el negocio de BT en los juegos? Entre otras cosas, la operadora británica ha decidido aprovechar el mundo tan interconectado en el que vivimos e instalar 1.500 puntos de acceso Wi-Fi repartidos en los recintos deportivos y en la Villa Olímpica en los que se cobran 5,99 libras esterlinas (unos 7,5 euros) la hora y media de conexión.

Ante un precio tan alto lo lógico es buscar otras alternativas y, por ejemplo, recurrir a conexiones de datos particulares (a través de operadores móviles) y, claro está, compartir el gasto entre varias personas o, dentro del sentimiento de cooperación y colaboración que inspiran este tipo de eventos deportivos, "invitar" a otros deportistas a conectarse. Para evitar que este tipo de alternativas de al traste con el negocio, la organización ha desplegado por el recinto deportivo a unos técnicos de campo que se pasean con antenas y equipos de medida para localizar "redes Wi-Fi" ilegales aunque, oficialmente, la excusa sea evitar interferencias con las "redes oficiales" de la organización destinada a servicios esenciales (como dotar de conexión a Internet a los corresponsales que cubren los Juegos).

¿Son los Juegos Olímpicos un negocio más? Algunas de las cosas que se ven, la verdad, hacen pensar que el espíritu deportivo se está quedando a un lado porque los multimillonarios acuerdos con grandes corporaciones están dando pie a situaciones bastante surrealistas como que únicamente se pueda pagar con tarjetas VISA (patrocinador del evento) o que las únicas patatas fritas que se puedan comprar en los alrededores tengan que ser exclusivamente de McDonald's.

Y aunque pueda parecer exageración, en estos tiempos que vivimos en los que Internet se ha convertido en parte esencial de nuestras vidas, los Juegos Olímpicos parecen anclados en el pasado y miran con bastante recelo el mundo de la red y, si pueden, lo intentan dejar a un lado. Un buen ejemplo de esto lo hemos encontrado, hoy mismo, en una aplicación que visitaba la web de venta de entradas de los Juegos y lanzaba tweets indicando las pruebas que tenían entradas disponibles, un servicio de bastante utilidad al que, sin embargo, se le ha bloqueado el acceso a la web que usaba como referencia. No creo que el servicio perjudicase a la organización de los juegos, es más, complementaba la información y generaba alertas que, incluso, podrían permitir que se vendiesen más entradas.