La palabra perfecta para definir lo que ha sido la primera temporada de The Newsroom es irregular pero nadie puede negar que la ficción de Sorkin ha sido el tema del verano. Los diez capítulos han sido analizados, examinados y destripados sin piedad tanto por la crítica como por los fans. En Estados Unidos, los críticos se ha cebado de mala manera con la serie; fuera de sus fronteras hemos sido más permisivos con este producto de la HBO que tendrá – y yo me alegro – una segunda temporada.

The Newsroom es hija de su padre, y como tal visita los lugares comunes que tanto gustan a Sorkin, pero carga con una serie de defectos e imperfecciones que la convierten, por momentos, en un show cargante, irritante y demasiado pasteloso. No es una mala serie, es difícil que Sorkin haga algo malo, pero no es la serie que esperábamos.

La moralina que tanto gustaba en The West Wing aquí aburre, y en algunos momentos es insultante. Falta encanto, falta clase, falta ¿Josh Lyman?. Podría ser porque los personajes que recorren la redacción no terminan de caer bien, se hacen antipáticos, odiosos y la mayoría de sus actos son incomprensibles; además la mitad del tiempo están gritando ¿qué clase de ambiente laboral es ese?

Will y Don Quijote: ¿locura idealista?

Si partimos de la base de que Sorkin usa noticias antiguas para elaborar el programa de Will, tenemos que decir que juega con ventaja y que es fácil hablar sobre cómo deben tratarse los hechos y cómo hacer las noticias teniendo toda, absolutamente toda la información, sobre la mesa. Esto es ficción, está claro. El resultado es un programa irreal pues obvia las presiones empresariales, políticas y económicas a las que se ven sometidos los profesionales del gremio, por no hablar del cansancio, el estrés, la precariedad laboral...

Resulta también inverosímil el cómo consiguen la información, sus fuentes suelen ser amigos, familiares o viejos conocidos. Así cualquiera, se desprecia todo el trabajo de investigación necesario para poder informar adecuadamente. Y luego están pequeños detalles como, por ejemplo, que Will no sabe que tiene un blog; es más, critica negativamente a aquellos que escriben blogs. Si un periodista, en los tiempos que corren, no es capaz de sacarse la venda de los ojos sobre Internet, apaga y vámonos.

Cuando Will y Mac empiezan con sus grandilocuentes discursos sobre ética periodística, patriotismo, moralidad, política o café, siempre sale a relucir la figura de Don Quijote y el hecho de que Will es republicano. ¿Podemos dejar de hacer hincapié en ese tema? Ha quedado claro pero ¿por qué, en News Night, no se critica a los demócratas con el mismo empeño que a los republicanos? Todos sabemos de que pie cojea Sorkin pero si estás tratando con las noticias, debes ser plural, equitativo, imparcial e igual de crítico con todo el abanico político sin importar tus preferencias. El supuesto idealismo del que hacen gala los personajes no es más que una forma de enmascarar el insulto del creador hacia aquellos que no piensan como él; y eso es rastrero. Aún así aplaudo su tremenda, directa y brutal crítica al Tea Party, los talibanes americanos.

Will como personaje fascina y repele a partes iguales. Adoro sus dudas, su crueldad, sus estallidos de ira, su inteligencia y verborrea, su soledad autoimpuesta; pero su pedantería, egocentrismo y condescendencia hacia aquellos que considera menos inteligentes son irritantes.

Durante la temporada Will usa dos referencias cinematográficas para explicar sus puntos de vista: la primera es de la película Rudy; la segunda, que sirve para cerrar la temporada, es de Camelot. La joven que, en el piloto, cambió el mundo de Will con una pregunta es la voz de la esperanza, es el chico que recorre las aldeas para difundir la noticia al final de Camelot. Ella misma es la respuesta a su estúpida pregunta ¿Qué hace de América el mejor país del mundo?.

El retrato de las mujeres

Desde el momento en el que Will se propuso civilizar a las mujeres con las que salía saltaron las alarmas ¿es The Newsroom una serie que deja en mal lugar a la mujer? Debo decir que el retrato que se hace de las mujeres es poco edificante y muy cuestionable.

Mac puede ser la mejor productora de programas del mundo pero no sabe restar, es insegura, un desastre enviando e-mails, cotilla, y engañó a Will; algo por lo que debe ser castigada en cada capítulo. Maggie es una pequeña histérica que sufre ataques de pánico en cuanto la presionan, es incapaz de tomar decisiones sobre su vida personal y permite que su pareja la humille, tanto en público como en privado, y la engañe. A pesar de eso no le abandona. Lisa, la compañera de piso de Maggie, no se considera lo suficientemente inteligente como para salir con Jim.

El pretendido tono de comedia romántica de la serie lo único que hace es crear situaciones bochornosas en las que las mujeres, casi siempre son ellas, acaban metiendo la pata o dando vergüenza ajena. Hay, sin embargo, dos de ellas que se salvan de la quema: Sloan (Olivia Munn) y Leona (Jane Fonda). La primera es un economista de prestigio, con pocas aptitudes sociales, y un carácter franco y estoico que la han convertido en una de las sorpresas de la serie. La presencia de Jane Fonda, breve pero fantástica; espero que el año que viene aprovechen a esta gran actriz y le ofrezcan más minutos en pantalla. Sus charlas con Charlie son como un duelo al mediodía en el viejo oeste, dos hábiles zorros que se las saben todas. Ojalá la viéramos interactuar más con Will o con Sloan, incluso con Don.

La temporada no ha logrado equilibrar las historias periodísticas-laborales con las personales. Seamos honestos, el triángulo amoroso formado por Jim, Maggie y Don es una soberana estupidez. Al final ni Jim ni Maggie han aportado chicha a la serie, sus personajes se limitan a mirarse y poner cara de circunstancia; es Don el que mejor parado ha salido pues, aunque empezó con mal pie, han sabido dotarlo de carácter y profundidad, es más que un esbozo, han creado un personaje.

Sorkin aprovecha su propia vida amorosa para crear tramas y personajes. La viperina reportera del corazón, Nina Howard (Hope Davis) está inspirada en Mandy Stadtmiller, la reportera confesó, en un blog, lo humillada que se sintió al ver la serie. Actualmente Sorkin sale con Kristin Davis, la Charlotte de Sex in the City. Ya habéis visto lo que opina Maggie sobre dicha serie:

Y a pesar de todo

Estoy ante un producto que ha conseguido atraerme y distanciarme a partes iguales. No todo ha sido negativo pues aún se me ponen los pelos de punta cuando veo - y lo he visto más de 20 veces - el arranque del piloto, y disfruto mucho con Will presentando y entrevistando, adoro a Charlie y su pajarita y me lo imagino siempre bebiendo y gritando. El idealismo no es algo negativo pero mal trazado y politizado no merece la pena. Me gusta la obsesión de Neal con Bigfoot y la introducción del guardaespaldas en la serie. Y un sin fin de pequeños detalles.

De cara a la segunda temporada rezo para que todos dejen de lado la prepotencia, para que las tramas románticas desaparezcan o al menos adquieran algún tipo de interés o sentido; para que Mac deje de ser tan irritante; para que Don se desarrolle más como personaje porque ha sido una de las sorpresas de la serie; para que alguien le pegue un tiro a Will – recuerdos de Josh Lyman - y para que la crítica política alcance a la administración de Obama.