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Sabemos a través de la historia que el ser humano ha llegado o intentado llegar donde nunca antes nadie lo había hecho. Valentía, curiosidad, inquietud… ¿Que nos mueve a explorar y viajar? Es posible que no todo sea debido a la curiosidad o esa inquietud, detrás podría existir la genética de cada individuo, una causa que nos define como especie y que nos empuja hacia la compulsión humana de explorar lo desconocido.

Bajo esta premisa, la de la psicología evolutiva, David Dobbs (National Geographic) escribe un maravilloso artículo adoptando un enfoque que trata de explicar la investigación sobre la base genética y el desarrollo y evolución de la necesidad de exploración humana. Historias sobre aventureros que han marcado el ritmo de la humanidad gracias a una especie de "locura" interna que les llevaba hacia la exploración.

Dobbs, quien actualmente está escribiendo un libro sobre las raíces genéticas y culturales del temperamento, comienza el artículo hablando sobre si la migración tiene una base genética. Al parecer, existe una mutación que aparece con frecuencia en las discusiones de este tipo, una variante de un gen llamado DRD4 que ayuda a controlar la dopamina, el mensajero químico del cerebro en el aprendizaje.

Los investigadores han vinculado repetidamente la variante, conocida como DRD4-7R y llevado hasta un 20% de la totalidad de los seres humanos, a la curiosidad y la inquietud. De hecho existen muchos estudios que respaldan esta teoría. Según estos:

Entre los miembros de la tribu Ariaal de África, los que llevan 7R tienden a ser más fuertes y mejor alimentados que sus compañeros sin 7R si viven en tribus nómadas, posiblemente debido a una mejor condición física para una vida nómada y quizás a un status tal vez más alto. Sin embargo, las acompañantes de 7R tienden a estar menos nutridos si viven como campesinos sedentarios. El valor de la variante, entonces, como la de muchos genes y rasgos, puede depender de los alrededores. Una persona inquieta puede prosperar en un entorno cambiante, pero se marchita en un establo, del mismo modo con todos los genes que ayudan a producir la inquietud.

Sea lo que sea, está claro que la humanidad se ha embarcado en viajes donde nadie había ido antes. Este comportamiento nos ha definido como especie. Viajamos, tenemos curiosidad, intentamos llegar a partes del planeta que nadie conoce, nuevos lugares para vivir. Incluso algo nos empuja hacia el espacio, a la exploración del Universo y los planetas e incluso a la posibilidad de vivir en ellos.

Dobbs nos explica en su extenso artículo y de forma admirable que no se trata de explicar de forma sencilla que todo parte de un gen. Al contrario, a través de varias historias del pasado que se extienden desde los antiguos colonos, trata de ayudar a comprender la compleja red de la genética y la cultura que influye y anima a ciertos comportamientos en momentos determinados.

Según Dobbs, aunque no todo el mundo es capaz de montarse en un cohete o navegar por mar en busca de un nuevo enclave, como especie somos todos lo suficientemente curiosos como para ayudar a pagar un viaje así o estar atentos a la consecución del mismo:

Sí, exploramos para encontrar un lugar mejor para vivir o para adquirir un territorio más grande, o para hacer una fortuna… pero también exploramos sencillamente para descubrir lo que hay.

Citando a Svante Pääbo, director del Instituto Max Planck en Leipzig, Dobbs recuerda que no existe un mamífero que se mueva como lo hacemos nosotros. Somos capaces de saltar fronteras, llegar a nuevos territorios, nuevos recursos. Ningún animal es capaz de hacerlo e incluso otros humanos tampoco. Los neandertales, hace cientos de miles de años, no fueron capaces de extenderse por todo el mundo como lo hemos hecho nosotros en tan sólo 50.000 años, tiempo en el que prácticamente lo hemos descubierto casi todo en el planeta. Según Pääbo:

Hay una especie de locura en todo esto. Navegamos fuera del océano, sin tener ni idea de qué nos encontraremos al otro lado. Ahora queremos ir a Marte. Nunca paramos con la idea de continuar. ¿Por qué?

Dobbs explica que la teoría de Pääbo y el resto de sus colegas es considerarse a ellos mismos como exploradores en busca de la cuestión que nos lleva a la exploración de nuevos caminos. Desde su punto de vista, saben que en algún momento deberán retroceder y reagruparse. Saben que cualquier idea acerca de por qué se explora podría verse enfrentada a otras disciplinas modernas como la antropología, la genética, la neuropsicología… Sin embargo, y aquí es donde tratan de explicar esa "locura" del ser humano, para aquellos que tratan de entender lo que mueve a los seres humanos, el deseo de explorar el terreno es irresistible, una "locura" idéntica a la de explorar un continente o la Luna en el pasado.