Un grupo de investigadores de la firma NanoLabs Parabon ha desarrollado un nuevo fármaco para combatir un tipo de cáncer cerebral. Lo que hace único a este medicamento es que que se trata del primer fármaco que ha sido impreso en 3D, molécula a molécula, con ayuda de una técnica de auto-ensamblaje de ADN, una técnica diseñada con un programa informático. Los científicos indican que el avance no sólo reduce drásticamente el tiempo que se necesita para crear medicamentos, sino que también abre las puertas a diseños de drogas completamente novedosas.

Impresión 3D: primer fármaco contra el cáncer

El fármaco fue elaborado por especialistas de la compañía a través de dos tecnologías propias: la plataforma para el desarrollo de fármacos Parabon Essemblix Drug Development Plattform y el sistema de proyección informática Parabon inSequio Sequence Design Studio.

Cuentan los investigadores que la molécula de ADN fue clave en el desarrollo. La razón es el que el ADN, además de guardar la información genética de las personas, contiene una característica muy valiosa, la organización de sus cadenas está organizada a nivel estructural. Un detalle que permitió usarlas como principio para otras nanoestructuras, como los medicamentos. Según Steven Armetrout, principal desarrollador del proyecto:

Lo que diferencia a nuestra nanotecnología de otras es nuestra capacidad de colocar cada átomo en la unidad que creamos en su lugar con precisión y rapidez.

Como decíamos al comienzo, la particularidad del fármaco reside en que se ha creado a través de una impresora 3D molécula a molécula. Las moléculas del preparado se encadenan entre ellas de la misma forma que las de ADN, un proceso donde es obligatorio que se junten los fragmentos necesarios que luego se encontrarán y formarán una estructura única.

Una vez dentro del organismo, el preparado se dirige a la epicentro de la enfermedad. Los científicos cuentan que gracias a la combinación de diferentes tecnologías, lograron producir millones de copias idénticas de las moléculas diseñadas necesarias, donde se sitúan las partículas de sustancias curativas.

Una tecnología que en el futuro podría abrir las puertas a diseños de fármacos novedosos en un tiempo récord.