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¿Recordáis el primer corto de Pixar? ¿Aquel en el que Luxo Jr, una lámpara, jugaba con su padre y una pequeña pelota de playa? La lámpara se hizo famosa en el mundo entero y se convirtió en el logo de Pixar. Ahora unos estudiantes australianos especializados en robótica - Adam Ben-Dror, Shanshan Zhou y Joss Doggett - han creado Pinokio, una lámpara de escritorio interactiva, que se mueve y reacciona a la presencia de seres humanos. Su apariencia y movimientos recuerdan a los de la lámpara de Pixar, y aunque Pinokio todavía no puede saltar, esta creación parece tener emociones totalmente genuinas. Esta simpática lámpara forma parte de los proyectos de la Victoria University of Wellington.

La lámpara es consciente de su entorno y de las personas que la rodean, está equipada con una cámara web, Arduino (plataforma de hardware libre), un iris mecánico, un micrófono y seis motores de movimiento. La lámpara es capaz de reconocer sonidos, de seguir los movimientos de una persona y de comportarse, incluso, de manera un tanto inocente. Según sus creadores, Pinokio es un proyecto diseñado con la idea de explorar el potencial expresivo y de comportamiento en la computación robótica. Algo que en mi humilde opinión han conseguido. Lo que no se sabe es si la lámpara es capaz de iluminar y tampoco sabemos si saldrá al mercado en breve; aunque si sale yo la compraría.

Sus creadores describen mejor que nadie a Pinokio:

Pinokio no es una entidad inteligente y autosuficiente. Sin embargo creemos que son las cualidades expresivas y de comportamiento las que hacen que cobre vida. Al igual que Pinocho, el muñeco de madera que está vivo, que proclama con confianza "Soy un niño de verdad", es el impulso vital, irrefenable e instintivo, el que hace que, aparentemente, Pinokio resplandezca con poesía y magia.

Me imagino estudiando para un examen teniendo a Pinokio a mi lado, al menos las horas pasarían más rápido y tendría algo con lo que entretenerme. Lo que han logrado estos chicos es dotar de vida un objeto inanimado otorgándole la capacidad de ser depositario de nuestras simpatías. ¿Y si tengo una y un día se rompe?