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Un aplauso, señoras y señoras, un largo y sentido aplauso para los primeros ocho capítulos de la tercera temporada de The Walking Dead. ¿Por qué? Porque se lo merece, porque la serie ha conseguido superar - por fin - sus fallos y ha corregido sus errores, porque ahora es el espectáculo que siempre hemos deseado que fuese, porque cada semana esperaba con avidez una nuevo capítulo; y porque Glen Mazzara y su equipo, han logrado, con menos presupuesto, lo que Darabont nunca consiguió: imprimir carácter, fuerza, dinamismo y angustia a The Walking Dead. Desde que Mazzara tomó las riendas las cosas han cambiado, ahora la serie hace gala de una solidez narrativa, una calidad visual y una ambiciosa puesta en escena que antes no terminaban de cuajar pero que en este momento funcionan con la precisión de un reloj suizo.

Desde Alt1040 hemos seguido la evolución de la serie desde aquel magnífico piloto hasta hoy, muchas cosas han pasado desde que Rick Grimes despertó en un mundo plagado de zombies y nosotros las hemos vivido todas; las grandes campañas promocionales, los largos parones, el aumento de capítulos por temporada, la muerte de varios personajes, la salida de Frank Darabont, los webisodios, el regreso de viejos conocidos, las largas discusiones sobre si es mejor el cómic o la serie... todo este trajín nos ha conducido hasta el episodio 3x08 Made to suffer, un excelente y trepidante capítulo que no da tregua al espectador y empuja a los personajes hasta situaciones límite que recuperaremos el próximo 10 de febrero de 2013, día en el que se emitirá el 3x09.

A partir de este punto spoilers de la primera parte de la tercera temporada

Todo este tiempo, escapando de los caminantes… olvidas lo que hace la gente… Lo que siempre han hecho.

El Gobernador de Woodbury

Antes de empezar deciros que soy una gran fan de David Morrissey y me encanta como se desenvuelve dentro de un personaje tan poliédrico como el Gobernador. El hecho de que esta temporada tengamos dos focos de acción bien diferenciados ha agilizado el relato. Woodbury esconde tras su fachada ideal una realidad más cruda y gris, estamos ante una dictadura militar que usa todas las herramientas a su alcance para mantener a la población controlada, ignorante y sumisa.

El Gobernador es un espejo en el que Rick podría verse reflejado, es una de las vías que nuestro buen sheriff podría haber tomado pero Rick decidió, a pesar de erigirse en tirano, anteponer el grupo a si mismo, y aunque cayó en la locura al conocer la muerte de Lori – por fin nos hemos librado de ella – se recompuso rápidamente para cuidar de su pequeña Judith, de un Carl cada día más sombrío y maduro y del resto de su familia, porque el grupo es ahora una familia unida por el dolor, el respeto y el afán de supervivencia. Sin embargo el Gobernador sucumbió a la locura del apocalipsis zombie, fue incapaz de asimilar la pérdida de mujer y de su hija. Su pequeña Penny es un zombie que guarda en secreto en una tétrica habitación, un lugar al que corre a refugiarse en busca de la comprensión necesaria para enfrentarse al horror que le rodea. No lo consigue y sigue aferrándose a una hija que nunca jamás podrá devolverle la mirada.

La silenciosa lucha que se establece entre Michonne y el Gobernador desde su primer encuentro culmina en una pelea a brazo partido cuando la mujer de la katana, sin dudarlo, aniquila todas las esperanzas de él atravesando el cráneo de Penny con su katana. Tengo que decir que las acciones de Michonne son sorprendentes; su hermetismo y silencio han hecho de ella un personaje plano aunque carismático. No obstante, no conocer sus motivaciones, de donde viene su inquina hacia una persona – que de buenas a primeras – la trata bien y porque necesita vengarse del Gobernador la convierten en una rareza dentro de The Walking Dead. Cierto que los hombre del Gobernador quisieron matarla en el bosque, una decisión que bien podría haber tomado Rick; al sheriff no le tembló el pulso cuando tuvo que matar a uno de los reclusos de la cárcel con un machete. ¿Por qué? Está claro, porque lo importante es proteger al grupo, y cuando alguien, aunque sea levemente, amenaza la estabilidad y la seguridad del conjunto debe ser eliminado.

El final de Made to Suffer muestra a un Gobernador henchido de rabia que descarga su furia contra Merle, el hombre que le mintió, y su hermano Daryl. ¿Conseguirán los hermanos, reunidos al fin, salir por su propio pie del circo de caminantes que hay montado en Woodbury?

La cárcel de Grimes

Por mucho que Rick intente encontrar un lugar seguro para los suyos la muerte y el horror acabarán alcanzándolos. Esta temporada se ha caracterizado por no dar tregua a los personajes, el peligro acecha en cada habitación, en cada pasillo, en cada carretera. No existe un lugar seguro, no habrá paz para los supervivientes, y en el momento en el que se relajen puede que un zombie, una persona, una enfermedad incurable, un corte sin limpiar, un mal paso... les llevará a la muerte. Los muros y alambradas que rodean la cárcel en la que se instalan Rick y los suyos parecen altos, sólidos e infranqueables. Lo son pero dentro de los muros hay caminantes y hombres, hay muerte y desolación, locura y amor. La sonrisa de un bebé no mitiga las lágrimas de Carol al conocer el final de Lori, aunque era una muerte necesaria fue demasiado extrema para mi gusto.

Los personajes están atrapados, encerrados, pero no lo ven. Carl, el niño que matá a su madre, parece el único consciente de todo lo que les rodea, siendo capaz de relativizarlo y exponerlo en una frase: “Había que hacerlo”; para sobrevivir hay que ser capaz de cualquier cosa, él ya lo sabe, lo ha aprendido con dolorosa facilidad; a los adultos les cuesta más asumir el cambio.

Aquí quiero hacer un inciso para alabar al grupo de actores que llegan a la prisión, todos y cada uno de ellos ha estado perfecto. El ya no tan niño Chandler Riggs, Carl en la serie, ha estado a la altura de las circunstancias, y ha crecido como actor a la par que su complejo personaje. Sin embargo el peso de la serie recae, una vez más, en la poderosa interpretación de Andrew Lincoln, un actor capaz de bordear la locura con esas llamadas telefónicas desde el más allá y de actuar como un intrépido hombre de acción en el asalto a Woodbury.

Pequeña nota informativa

Made to suffer introduce a nuevos personajes, entre ellos se encuentra Tyresse (Chad Coleman), un personaje que en el cómic tiene mucha relevancia y que será importante en el devenir de los acontecimientos.