La música es un arte que se lleva bien con los ordenadores. Es muy matemática. Se almacena en soporte digital desde hace décadas. Los instrumentos musicales sintetizados son habituales desde hace muchos años. ¿Pueden también componer? Sí, desde luego. Hasta el punto de superar el Test de Turing y confundir a los expertos. Iamus, un compositor virtual de la Universidad de Málaga es un ejemplo. Sigue los pasos de David Cope que creó a Emmy, capaz de competir con el mismísimo Mozart.

Iamus

David Cope

Comencé en 1981 con un programa que me ayudara en mi siguiente nota, siguiente compás… a mi estilo. Como desconocía mi estilo, empecé con los grandes compositores. El primer ensayo no funcionaba mal, pero el resultado tenía poca vida y energía. Crear un conjunto de reglas para cada estilo resultaba desalentador. Decidí poner todo ello en una base de datos desde donde se creara nueva música. La idea es que cada es estilo tienen reglas para crear réplicas de sí mismo, distintas pero muy relacionadas. Me basé en la recombinación: generar nueva música recombinando música existente en nuevas sucesiones lógicas. Sostengo que la recombinación aparece en todos lados como un proceso natural evolutivo y creativo.

En esencia los principios de creación de Emmy (EMI Experiments in Musical Intelligence) son:

  • Deconstrucción (análisis y separación en partes)
  • Firmas (buscar lo común que significa estilo)
  • Compatibilidad (recombinación en nuevas obras)

Emmy, el programa, lo hacía bien, seguía bien las reglas pero carecía de emoción. Como software de Inteligencia Artificial era muy bueno, pero como compositor era mediocre.

Hasta que comprendió que Bach no sólo seguía reglas. Periódicamente se las saltaba y eso daba belleza a la composición.

Cope creó un programa que generaba las reglas y la forma de saltárselas. Introdujo 300 corales de Bach en una base de datos. Creo un programa que dividía las corales en trozos y las recombinaba al estilo de Bach. El resultado mejoraba el software anterior, pero las composiciones parecían perderse sin objetivo claro.

Cope siguió investigando y desgranando los vagos conceptos estéticos: dinámico, cromático, apasionado. Cuántas veces se repite la secuencia de notas, cuántas veces y en que momentos se sale del tono, qué precede o sigue a cada frase.

Finalmente capturó la esencia de Bach y produjo 5.000 corales, el trabajo de toda una vida. En un concierto preguntó al público que piezas eran de Bach y cuales eran de Emmy. El público no supo distinguirlas. Pasó pues, el Test de Turing.

Según Cope, toda la música (y cualquier creación) se basa en las creaciones previas. Puedes llamarlo subirse en las espaldas de los grandes o simple plagio. Todo lo que creamos es recombinación. Los compositores (incluidos los genios) oyen música, inconscientemente la desmenuzan y la recombinan de forma novedosa. Nadie es completamente original. Todos han copiado a todos y han recombinado sus sonidos.

Más tarde, David Cope creó otro programa que compusiera a su propio estilo, el de David Cope. El programa se llamó Emily Howell. El programa funciona así: Cope tiene una idea por ejemplo: cinco voces se alternan, o bien bajan y suben por la una escala musical. Le pide a Emmily Howell que cree una partitura. La escucha y la piensa. Pide a Emily que la cambie... Rápido y eficaz. La piensa en la cocina o en el coche y Emily trabaja para él.

Puedes juzgar por ti mismo con los ejemplos que hay a continuación.

Composición de Emmy estilo Bach:

Composición de Emmy estilo Beethoven:

Composición de Emmy estilo Chopin:

Composición de Emily Howell estilo David Cope:

Iamus

La Universidad de Málaga ha creado Iamus, un ordenador capaz de crear sinfonías por sí solo. El proyecto es muy ambicioso e incluye aplicaciones para dispositivos móviles.

El equipo está liderado por Francisco José Vico y uno de sus mentores y asesores es el prestigioso pianista Gustavo Diaz-Jerez. Algunas de las composiciones de Iamus han sido interpretadas por la Orquesta Sinfónica de Londres.

Se le dice a Iamus algunas cosas genéricas de la composición como cuántos instrumentos hay y qué duración tiene la obra. Iamus trabaja con algoritmos similares a la evolución: las notas compiten entre ellas y la mejor es la que triunfa. No sabemos mucho más del algoritmo ya que es el corazón del sistema. A Iamus hay que decirle que escriba cosas realistas (un pianista solo tiene diez dedos) y poco más. Es capaz de componer incansablemente en tiempo real.

Iamus está dedicado a la composición de música clásica contemporánea, pero la idea es introducir nuevos estilos como pop actual. Iamus puede componer infinidad de temas sin repetirse.

El equipo ha creado una empresa, Melomics, de la que Iamus es la parte más visible. En Melomics, puedes encontrar aplicaciones para smartphones pensadas para generar música cuando estás relajado o cuando corres o conduces... Además puedes descargar la partitura y modificarla a tu estilo o incluir el software en un sitio web para darle un aspecto más personal.

La entrada de los ordenadores en la música ocurrió hace tiempo y la composición musical es ya parte de su patrimonio.