El 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética tomó la delantera a Estados Unidos en la carrera espacial con el lanzamiento del Sputnik I, el primer satélite artificial que el hombre lanzó al espacio. Este satélite, además de marcar un hito en el ámbito de la ingeniería, tenía como objeto realizar medidas y enviar los datos recopilados mediante ondas de radio; es decir, era un satélite bastante simple desde el punto de vista tecnológico. Precisamente, esta simpleza es algo que se está retomando ahora y, por ejemplo, la NASA lanzó el pasado domingo unos satélites low-cost basados en el HTC Nexus One y, Ecuador, también se adentra en el ámbito de la exploración espacial y los satélites lanzando el viernes a Pegaso, el primer satélite ecuatoriano.

Efectivamente, el 26 de abril Ecuador pondrá en órbita su primer satélite, el Pegaso, un proyecto bastante especial llevado a cabo por la Agencia Espacial Civil Ecuatoriana (EXA) bajo la batuta de Ronnie Náder, el primer astronauta ecuatoriano y director de esta agencia.

¿Y por qué es importante este proyecto? Quizás, el lanzamiento de un satélite hoy en día no nos parezca algo relevante y entre dentro de lo cotidiano o normal; sin embargo, desde el punto de vista tecnológico supone un salto importante para el país que haya apostado por el proyecto. Recuerdo muy bien el lanzamiento del primer satélite de España, el Hispasat, en 1992 puesto que fue para el país un momento de gran importancia y una forma de mostrar al mundo los avances en el ámbito de la ingeniería que habíamos sido capaces de afrontar.

Para Ecuador, el proyecto es importante porque el satélite se ha construido íntegramente en el país y, por tanto, pone sobre la mesa la capacidad tecnológica del país y su know-how para abordar retos tecnológicos. Pegaso es un satélite en forma de cubo de 10 por 10 centímetros, es decir, es un satélite pequeño que a diferencia del Hispasat español o el Simón Bolívar de Venezuela no nace con el objetivo de cursar comunicaciones vía satélite sino que su misión es la de incentivar el interés de la nación por la exploración espacial y, claro está, por la industria aeroespacial.

El satélite Pegaso

El satélite posee unos paneles de 75 centímetros y pesa alrededor de 2 kilogramos, una carga pequeña que será lanzada al espacio desde China (concretamente desde JiuQuan) a las 23:13 horas (en base a la hora local del país) y orbitará a una altura de 650 kilómetros.

Pegaso, el primer satélite ecuatoriano, se ha diseñado, construido y probado en el plazo de un año (se requirieron 2 meses para su construcción) y se ha utilizado aluminio, titanio, oro, plata y platino, entre otros materiales, para su construcción y no es el único satélite que se ha construido puesto que el Krysaor, su hermano gemelo, también se lanzará al espacio en las próximas semanas pero esta vez desde el Cosmódromo de Baikonur (igual que fue lanzado el Sputnik) en Kazajistán.

En Colombia también construyeron un satélite, pero ello compraron las piezas y lo armaron. Nuestro mérito es haber hecho las piezas. Los construimos y lo armamos.

Con un coste de 700.000 dólares invertidos en el lanzamiento, la certificación de los satélites (que se ha realizado en Holanda), la logística y los seguros y unos 80.000 dólares invertidos en la construcción de este par de satélites, Ecuador pondrá en órbita los dos primeros nanosatélites con fines educativos que se han construido hasta la fecha.

¿Satélites educativos? Aunque puede sonar raro y estamos acostumbrados a que los satélites se usen para comunicaciones, espionaje o misiones científicas, tanto el Pegaso como el Krysaor tienen un fin muy distinto puesto que transmitirán desde el espacio señales de vídeo para que los escolares puedan ver la Tierra desde el espacio en directo y, además, también enviarán señales codificadas para que sean descifradas en tierra y ofrecer texto e imágenes sobre la historia de la carrera espacial.

Esa es nuestra forma de incentivar una nueva generación de ingenieros y científicos en el campo espacial

De hecho, el seguimiento del satélite se realizará desde el Departamento de Astronomía y Astrofísica del colegio Rosa de Jesús Cordero, en Cuenca, que ha creado un Observatorio del Clima Espacial para realizar estas labores. Además, desde la web de EXA se podrá seguir la actividad de estos satélites y también los datos recopilados por el Observatorio de Clima Espacial.

Educación y generación de un tejido industrial aeroespacial

De la misma forma que Raspberry Pi tiene como objetivo llevar la enseñanza de ciencias de computación a los colegios y estimular esa nueva generación de ingenieros y programadores desde "la cantera", Ecuador busca hacer algo similar con este proyecto y por, ese motivo, se ha embarcado en el desarrollo de este programa. Fomentar en las escuelas estas temáticas, al final, terminará generando interés en el tema y, en un futuro, estudiantes dispuestos a cursar ingenierías o astrofísica.

Estamos hablando de empezar todo un nuevo proceso educativo que al final nos va a llevar a tener muchos trabajadores con alta remuneración, lo cual obviamente impacta en la economía de un país

Además de la educación, el proyecto es un buen escaparate para mostrar el know-how tecnológico del país y buscar alianzas o nuevas oportunidades para desarrollar un tejido empresarial alrededor de la aeronáutica y el espacio. EXA, la agencia espacial de Ecuador, ha establecido contacto con empresas europeas de certificación de satélites y ya se baraja la posibilidad de que este tipo de empresas se trasladen a Ecuador para que se pueda nutrir a otros países de Latinoamérica de componentes o servicios con los que dotar sus programas de satélites y, quizás con el tiempo, construir una base de lanzamiento de satélites y no tener que recurrir a China, Rusia o la Agencia Espacial Europea.

Un bello proyecto que el viernes se pondrá sus mejores galas con el lanzamiento desde China.

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