Las hormonas del estrés, conocidas como glucocorticoides, son las responsables del impacto de este tipo de situaciones en nuestro cerebro

Llegas a la oficina. Un día más, un montón de papeles te aguardan sobre la mesa. No han pasado diez minutos desde que has cruzado el umbral de la puerta, cuando el teléfono empieza a sonar insistentemente. Tomas aire. Vamos allá. Enciendes el ordenador y en la bandeja de entrada se acumulan millones de correos electrónicos por leer. ¡Es imposible!, maldices. La última vez que revisaste el email era ayer a las once de la noche. Si esta situación te suena demasiado quizás es porque la vives con demasiada frecuencia. Conocer por qué nos afecta el estrés puede permitirnos gestionar mejor nuestro trabajo y especialmente, vigilar que no conlleve problemas de salud.

La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) estimaba ya en 1999 que el 80% de los trabajadores sufrían estrés en el trabajo. La Agencia Europea para la Seguridad y la Salud en el Trabajo también alertaba en este sentido sobre la alta incidencia del estrés en las bajas laborales. Según sus datos, entre el 50 y 60% de los trabajadores que pedían la baja lo hacían motivados por agotamiento y tensión durante su jornada laboral. Preguntarnos por qué nos afecta el estrés, por tanto, no es solo una cuestión científica, sino también un problema importante en las empresas.

Entre los síntomas que se relacionan con este tipo de situaciones destacan el aumento de nuestra frecuencia cardíaca, junto con sudores, posibles mareos y temblores y una respiración más rápida de lo normal.

La respuesta a por qué nos afecta el estrés la encontramos en nuestro cerebro, ya que el impacto que produce sobre el sistema nervioso se manifiesta en diversos aspectos cognitivos y de nuestro comportamiento. Especialmente durante nuestra infancia y vejez somos realmente sensibles a cualquier situación de estrés. Esto provoca un aumento en la secreción de glucocorticoides, un tipo de hormonas importantes.

Según una revisión en Nature, un pequeño aumento en el nivel de estas hormonas es fundamental para el correcto funcionamiento de nuestro cerebro. Sin embargo, estar ante una situación demasiado estresante puede provocar daños importantes en el hipocampo, que es la región cerebral relacionada con la memoria y el aprendizaje. Esto implicaría que cuando estamos estresados, solemos olvidar cosas, por lo que nuestra productividad se ve disminuida.

Por qué nos afecta el estrés no es solo una pregunta relacionada con el cerebro. También situaciones agotadoras y tensas conllevan problemas en nuestras defensas, de forma que somos más proclives a sufrir enfermedades infecciosas e inflamatorias (como las alergias). Además, corremos un mayor riesgo de que nos afecte un accidente cardiovascular.

Sin embargo, pequeñas dosis de estrés (es decir, no vivir estas situaciones de manera crónica o aguda) pueden ayudarnos en nuestro día a día. Una investigación de la Universidad de California (Berkeley) ha concluido que pequeños niveles de estrés mantienen alerta nuestro cerebro. En este estudio realizado en roedores, observaron que al obligar a los animales a vivir ciertos episodios de estrés, células madre que se encontraban en su cerebro proliferaban y se diferenciaban en células nerviosas, lo que luego permitía un mayor rendimiento mental varias semanas después.

El equipo liderado por Daniel Kaufer comprobó de nuevo el papel central de los glucocorticoides como hormonas del estrés en la regulación de este tipo de situaciones en nuestro organismo. Está claro que con las investigaciones realizadas hasta ahora, el equilibrio justo de estrés es algo necesario para mantenernos alerta, pero el cuidado de nuestra salud ha de pasar inevitablemente por saber desconectar a tiempo de este tipo de situaciones.