Los remakes de películas como Oldboy y Sympathy for Mr. Vengeance —en preparación— y las primeras incursiones en el cine internacional de directores como Park Chan-wook, Kim Jee-woon y Bong Joon-ho, reflejan el buen momento por el que pasa la cinematográfica coreana, de la que resaltamos 15 de sus mejores obras a las que deberías prestar atención.

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Mientras Corea del Norte atemoriza a Occidente con sus estrategias nucleares, da la impresión de que Corea del Sur le lleva la delantera en lo que respecta a una invasión a otro tipo de escala. Kim Jee-woon, con The last stand, y Park Chan-wook, con Stoker, han sido los primeros cineastas surcoreanos en rodar películas en inglés, mientras que Bong Joon-ho con Snowpiercer, será el tercero en debutar, no sólo en el cine en inglés, sino dentro de la propia industria estadounidense. Simultáneamente, Spike Lee ultima los detalles del remake de Oldboy y ya se está hablando de adaptar también Sympathy for Mr. Vengeance. Por eso proponemos una aproximación a su filmografía con las 15 mejores películas coreanas, imprescindibles para entender el buen momento por el que pasa una cinematografía que se desarrolla en parámetros tan opuestos y dispares como la poesía y la violencia y que tienen la virtud de proporcionar un estado emocional muy complicado de definir en el espectador.

Las 15 mejores películas coreanas contenporáneas

Quizás alguno no esté todavía familiarizado con una cinematografía que no había trascendido al mismo nivel de la china o la japonesa, pero que en los años ochenta, con la instauración de la V República, adquiría una mayor libertad creativa al suavizar la censura y permitir la aproximación a todo tipo de temas. Es posible que fuera Im Kwon-taek el cineasta que propiciara con Mandala (1981) la apertura al mercado internacional del cine surcoreano, pero no sería hasta la llegada del nuevo siglo cuando se produciría una verdadera eclosión de películas que tanto acaparaban la atención de festivales internacionales, como eran celebradas por la crítica, o incluso recibían la bendición del público. Tres variantes que no siempre se dan a la vez en la misma ecuación.

Quizás algunos echen en falta alusiones a profesionales de origen surcoreano, como Peter Chung, fabuloso animador en películas como Fire and Ice y creador de una serie de animación tan magnífica como Æon Flux, pero cuya familia emigrara a los estados Unidos siendo él joven, lo que facilitó su incorporación al mercado laboral estadounidense sin pasar por el coreano. Tampoco aludo a Shim Hyung-rae, que después de realizar una película como D-War, de producción coreana con reparto internacional, rodaba The las Godfather en los Estados Unidos, o Shin Sang-ok, que tras permanecer casi dos décadas secuestrado por el régimen norcoreano no pudo revitalizar su carrera en Corea del Sur, emigrando a los Estados Unidos, donde culminaría su trayectoria con 3 ninfas knuckel up, en colaboración con Hulk Hogan. Ninguno de estos última encaja en los parámetros temáticos o artísticos de este grupo a los que en el documental dirigido por Yves Montmayeur, Les Enragés du Cinéma Coréen, aludían como los jóvenes airados coreanos (Angry Young Men of Korean Cinema), en alusión al movimiento cinematográfico británico homónimo que surgiera con las nuevas olas europeas.

Seom (La isla)

Es posible que fuera Kim Ki-duk el cineasta que abría una ventana al turbador e inquietante cine surcoreano en el año 2000 con una película tan turbadora como La isla, título con el que se la conoce en España. Una película que si bien centraba su trama en torno a una historia de amor, venía cargada de una violencia poética difícil e digerir para algunas sensibilidades. Quizás no se atrevieran a darle el León de Oro en Venecia, pero sí una mención especial "por su intensa consistencia y la expresión gráfica y metafórica del amor sometido al deseo y el sacrificio", aunque en Fantasporto recibía el premio especial del jurado, así como a su protagonista, Jung Suh, le reconocían con el premio a la mejor interpretación femenina, como también lo sería en los festivales de Bruselas y Manila. el argumento parte de un ex-policía que, después de matar a su amante, está determinado a suicidarse, si no fuera porque se lo impide una extraña mujer que se dedica a alquilar plataformas flotantes para pescar. Mientras de día ofrece comida a los pescadores, de noche les vende su cuerpo, surgiendo entre ambos una peligrosa relación. Algunas secuencias llegarán a poner a prueba la capacidad del espectador para aguantar el dolor, pero la ausencia de cualquier tipo de morbo y el sublime lirismo de la puesta en escena, colocan a La isla en unos parámetros más fantásticos que románticos que desgarran desde el interior (nunca mejor dicho).

Boksuneun naui geot (Sympathy for Mr. Vengeance)

Después de haber batido récords de recaudación en Corea del Sur con su tercera película como director, Park Can-wook iniciaba la que denominaría su 'trilogía de la venganza' con Sympathy for Mr. Vengeance. Incluyendo en su reparto la presencia de Song Kang-ho, uno de los actores emblema de estos jóvenes airados, su argumento gira en torno a un sordomudo que se ve forzado a dejar de estudiar para ponerse a trabajar y poder costear el tratamiento al que debe someterse su hermana, aquejada de una insuficiencia renal. La fatalidad se ceba con ellos cuando a pesar de que reúnen el dinero necesario para la operación, el donante no es compatible. Engañado después de recurrir al mercado negro, la desesperación le lleva a urdir un peregrino plan que tendrá fatales proporciones y que facilitará esa confusión emocional que se apodera de un espectador incapaz de ponderes del lado de ninguno de los personajes porque todos tienen su parte de razón, independientemente de la naturaleza de sus actos. Merecedora del premio del jurado en el festival de Philadelphia, sería la flamante carta de presentación de Park Chan-wook a nivel internacional.

Salinui chueok (Memories of murder)

Song Kang-ho también sería el protagonista de la que sería la segunda película como director de Bong Joon-ho, premiado con la Concha de Plata al mejor director en San Sebastián, que cosechaba también premios en otros festivales de Cognac, Tokio y Turín. Se trata de un drama policial que se desarrollaba en torno a la búsqueda de un brutal asesino y violador que se distancia de ese tono poético de otras películas coreanas para ofrecer un retrato del mal tan duro como implacable en lo que será una seña de identidad de este cineasta, en cuyo discurso siempre habrá sitio para la denuncia social y la crítica contra el gobierno y el sistema de justicia surcoreano.

Bom yeoreum gaeul gyeoul geurigo bom (Primavera, verano, otoño, invierno… y primavera)

Tres años después de sobrecogernos con La isla, Kim Ki-duk reaparecía con una obra extremadamente poética y conmovedora en torno a un monje y su aprendiz que conviven en un aislado monasterio en medio de un lago. Una extraordinaria metáfora sonde el aprendizaje y el necesario equilibrio entre el hombre y la naturaleza para alcanzar la felicidad que se alzaría con el premio del público en San Sebastián, acaparando también una interesante colección de premios que incluyen los festivales de Sofia y Locarno. Y es que Kim Ki-duk ha sido uno de los pocos cineastas coreanos cuyas películas han alcanzado de inmediato el mercado internacional, con o sin premio en festivales, a través de títulos tan interesantes como Samaritan girl, Oso de Plata al mejor director en Berlín; Bin-jip (Hierro 3), premio de la prensa en San Sebastián, Espiga de Oro en la Seminci de Valladolid y León de Oro en Venecia; Hwal (The bow), premiada en Fantasporto y Tallinn, o Shi gan (Time), premiada en Sitges, Fantasporto y Chicago.

Oldboy

Park Chan-wook conquistaba el Gran Premio del Jurado en Cannes, así como el de la mejor película en Sitges por la adaptación cinematográfica de una novela gráfica que constituía, además, la segunda pieza de su 'trilogía de la venganza'. Protagonizada por Choi Min-sik, otro de los actores fetiche de esta dinámica generación de cineastas coreanos, que interpretaba a un padre de familia que, secuestrado durante 15 largos años y confinado en una celda sin ventanas ni otro contacto con el exterior que no fuera la televisión. Con toda probabilidad, la película más conocida de esta lista, con el permiso de Kim Ki-duk, de la que en Extracine ya nos avisaban que se trataba de un título imprescindible no sólo de sus director, sino del cine coreano. Toda una experiencia cinematográfica de profundo calado emocional, como también lo serían -quizás en menor escala- la conclusión de su trilogía, Chinjeolhan geumjassi (Lady Vengeance), o *Bakjwi (Thirst).

Welcome to Dongmakgol

Primer y único largometraje dirigido por Park Hwang-Hyun hasta la fecha, debido a problemas financieros con su segundo proyecto. Prolífico realizador de campañas de publicidad que conseguía con su adaptación de la obra de Jin Jang imponerse como la segunda películas más taquillera de todos los tiempos en Corea del Sur. Estrenada en 2005, se trata de un drama bélico sobre tres soldados norcoreanos, dos surcoreanos y uno estadounidense que acaban, por diferentes motivos, en un pequeño pueblo en mitad de la guerra de Corea. Un lugar aislado del mundo donde ni siquiera tenían constancia de la existencia de la guerra y donde no hay lugar para violencia.

Gwoemul (The host)

No se confundan con la película homónima basada en la novela de Stephenie Meyer, porque no tiene nada que ver. Bong Joon-ho abandonaba el tono realista de Crónica de un asesino en serie para zambullirse de lleno en un fabuloso drama fantástico en la que los habitantes de Seúl eran sorprendidos por una extraña criatura formada como consecuencia de la contaminación. Premiada en Sitges y Fantasporto, y teniendo de nuevo a Song Kang-ho como protagonista, la premisa de la película partía de un incidente que había sucedido en la realidad, cuando en febrero de 2002 cuando en unas instalaciones militares estadounidenses decidieron deshacerse de residuos de formaldehído vertiéndolos por sumideros que terminaban en el río Han. La película será fantástica, pero el cineasta no se apartaba un ápice de su discruso social y la crítica gubernamental.

Sarang-ttawin piryo-eopseo (Love me not)

Videocreador antes de iniciarse en 2006 en el cine, Lee Cheol-ha debutaba en el cine con un intenso drama sobre un hombre sin escrúpulos que se dedica ha vivir del dinero de mujeres adineradas. Vivir a lo grande facilita la elucubración de grandes planes, para los que se necesita dinero, que a veces puede acarrear deudas que acaban poniendo en riesgo tu vida. Por lo que se impone un nuevo plan, haciéndose pasar por el hermanastro perdido de un heredera ciega a la que pretende asesinar para obtener su gran herencia. Pero el corazón no conoce de planes y una vez se enamora de Min, las cosas se le complican cuando acreedores e incluso la misma enfermedad que dejó le ciega a ella, atentan ahora contra él.

Bam gua nat (Night and Day)

Habitual en casi todos les festivales internacionales de cien europeos, la sensibilidad de Hong Sang-soo está más cerca de los parámetros del cine francés de la nouvelle vague que de los angry young men o el cine estadounidense. La preocupación por la creación artística es una de las constantes de su filmografía, que casi siempre incluye cineastas como personajes, aunque en este caso sea un pintor pillado infraganti cometiendo delitos tan mundanos como embriaguez y consumo de marihuana. Con tal de evitar la prisión huye a Francia, dejando en Corea a su mujer, y refugiándose en una pensión donde conocerá a otra mujer con la que iniciará una relación que mantendrá de día en París, mientras que dedica las noches a su mujer en Seúl. Su título más reciente, In anotare country, vuelve a vincularle con la cinematografía francesa al tener como protagonista a Isabelle Huppert.

Soom (Breath)

El propio Kim Ki-duk interpretaba a uno de los protagonistas de este fascinante drama carcelero de proporciones tan románticas como metafísicas en el que una mujer que descubre que su marido le engaña, decide iniciar una relación con un preso que ha intentado reiteradamente suicidarse. Una de esas películas que despierta tantos seguidores como detractores, como parece suceder en el resto de su filmografía puesto que polémica fue su León de Oro por Pietà, así como está sufriendo problemas de censura en su propio país con la última película que ha dirigido , Moebius, que ya se perfila como candidata a premio en la Bienale.

Akmareul boatda (I saw the devil)

Después de dirigir dos películas que le abrirían las puertas al mercado internacional, como Janghwa, Hongryeon (A tale of tío sisters, 2003) y Joheunnom nabbeunnom isanghannom (the godo, the bad, the wird, 2008), Kim Jee-woon acaparaba premios internacionales en 2010 con esta trepidante película en la que se volvía a integrar amor con violencia y venganza. Protagonizada por Choi Min-sik y Lee Byung-hun -importado ya para el cine internacional en G.I. Joe y su secuela y al que podremos ver dentro de poco en RED 2-, la película se centra en un policía cuya novia es asesinada por un psicópata sin escrúpulos, que le lleva a iniciar una peligrosa persecución en la que aprenderá a pensar y actuar como un auténtico asesino. No se dejen llevar por las apariencias, no es otra película con psicópata, sino otra excepcional obra cargada con la misma belleza visual y esa narración que nos arrastra por laberintos emocionales truculentos tan característicos del cine surcoreano.

Shi (Poetry)

Lee Chang-dong se alzaba con el premio al mejor guión y el premio ecuménico del jurado en Cannes con esta emotiva película sobre la búsqueda de la belleza y a poesía en la mundana y cotidiana realidad. Protagonizada con suma sensibilidad por Yoon Jeong-hee, la poesía a la que alude el título no se encuentra en otro lugar que en el interior de su protagonista, manifestándose a través de su manera de mirar y afrontar la vida, sobre todo después de que le hayan diagnosticado Alzheimer. El contraste lo ofrece su nieto, víctima de bullying en el colegio, en lo que es un paralelismo con la dificultad de la sociedad para afrontar con naturalidad las consecuencias de la enfermedad en su abuela.

Hwanghae (The yellow sea)

Ha Jung-woo se alzaba con el premio a la mejor interpretación masculina de la Academia de cine asiática por su interpretación en este intenso thriller dirigido por Na Hong-jin por el que obtendría el premio al mejor director en Sitges. Acosado por las deudas, un individuo acepta un contrato para asesinar a una persona en un intento por cubrir las necesidades de su familia. Lo que comienza siendo un encargo puntual acabará por arrastrarle dentro de un peligroso engranaje criminal.

Doomsday book

Que vivimos en una sociedad globalizada lo demostraban perfectamente Kim Jee-woon y Yim Pil-sung a través de las tres historias que formaban Doomsday book. A través de situaciones tan sorprendentes como una pandemia que comienza con la comida, un robot con aspiraciones místicas o la pérdida de un bola negra de billar que acabará provocando la destrucción del mundo, tratan de evidenciar unas neurosis que afectan a toda la sociedad contemporánea, no sólo a la coreana. Tres episodios que dan cuenta de que además de la poesía la violencia, también hay lugar para el sentido del humor en la cinematografía surcoreana.

Bumchoiwaui junjaeng (Nameless gangster)

Choi Min-sik protagoniza, junto a Ha Jung-woo, esta estupenda película dirigida por Yun Jong-bin. La película muestra el periplo de un funcionario de aduanas corrupto al que despiden de su trabajo. En un intento por culminar un último golpe que le permita afrontar su nueva situación de manera más holgada, entra en contacto con un importante mafioso que resulta ser familiar lejano suyo. Nuevamente se intuyen la denuncia social y la crítica contra el gobierno a través del ascenso de este criminal a lo largo de los años ochenta, pero que en los años noventa se encuentra de bruces con una nueva generación que es tan tolerante con el crimen y la corrupción. Es posible que algunos quieran encontrar vínculos con el cine de gángsteres estadounidenses, en la línea de Goodfellas o incluso The godfather, y estarán en lo cierto, pero la intensidad de la violencia emocional permite que disfrutemos con la película de una manera radicalmente diferente.