¿Qué ocurriría si fuéramos capaces de implantar falsos recuerdos en nuestro cerebro? Este resultado, ya conseguido en roedores, por científicos del MIT, ha iniciado un serio debate ético entre los investigadores.

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Cuando Francisco de Goya pintó su famoso grabado, publicado en 1799, nadie imaginaba que la ciencia sería capaz algún día de implantar falsos recuerdos. Y es que el trabajo de nuestro cerebro para construir la memoria es tan fascinante como inciertas sus consecuencias éticas. ¿Seremos capaces de manipular nuestra mente para fabricar recuerdos inexistentes?

El último trabajo realizado por investigadores del MIT conseguía implantar falsos recuerdos en ratones, mediante técnicas relacionadas con la ingeniería genética y la optogenética. Y es que según el Dr Xu Liu, coordinador del equipo de neurocientíficos, la posibilidad de implantar falsos recuerdos sigue el mismo proceso con el que la memoria trabaja:

Our memory changes every single time it's being recorded. That's why we can incorporate new information into old memories and this is how a false memory can form

Implantar falsos recuerdos en ratones, sin embargo, contaba con experiencias previas, relacionadas con la famosa sensación del déjà vu. Y es que grupos de investigación como los de la Dundee University habían entrenado a roedores para que creyeran que estaban en un lugar diferente al que en realidad se encontraban.

De esta manera, conseguían manipular artificialmente el cerebro de los animales, alterando la percepción de su realidad con respecto a los recuerdos que presentaban. Aunque este proyecto es un tanto diferente del realizado en el MIT, las posibilidades que ofrece el hecho de implantar falsos recuerdos son, a priori, de gran interés para la medicina.

Borrar o añadir recuerdos, una posibilidad terapéutica

Cualquiera que haya vivido una experiencia traumática, como puede ser un accidente de tráfico, sabe que engañar al cerebro no es fácil. Pero abordar este tipo de situaciones desde la ciencia resulta complejo: ¿cómo podemos quitar ciertos recuerdos de nuestra mente? Conseguirlo ayudaría a superar este tipo de situaciones personales tan terribles.

Implantar falsos recuerdos

Mar S (Flickr)

Otra alternativa a esta superación psicológica de una experiencia traumática podría darse con la posibilidad de implantar falsos recuerdos. Sería una forma de que las personas pudieran olvidar esa situación conflictiva, y desde la medicina podría verse con buenos ojos trasladar la investigación realizada en roedores en el MIT a los seres humanos. Pero, ¿sería ético?

El trabajo de los científicos estadounidenses consistió en activar mediante luz grupos específicos de células del hipocampo, una región cerebral encargada de la memoria episódica. ¿Podría trasladarse este trabajo a seres humanos, con fines terapéuticos?

Como os contamos en este artículo, el almacenamiento de recuerdos traumáticos no tiene únicamente una función negativa, sino que existen indicios positivos en el cerebro. En otras palabras, recordar situaciones conflictivas también juga un cierto papel evolutivo, ya que nos mantiene alerta ante otros episodios similares. Entonces, ¿sería bueno o malo que nos intervinieran para implantar falsos recuerdos?

Intervenciones en el cerebro, ¿hay lugar para la ética?

Cuando se lanzó el Human Brain Project, muchos celebramos las grandes posibilidades y desafíos que los neurocientíficos europeos afrontaban para la próxima década: simular el cerebro en un supercomputador. Como explicaba Javier de Felipe en esta entrevista, entender el funcionamiento del cerebro podría posibilitar innovaciones en el futuro.

Estos grandes avances a corto o medio plazo también tendrían un cierto componente ético, como bien recoge el informe presentado a la Comisión Europea, en el que se explica que una parte del proyecto de investigación irá dirigida a analizar su impacto social y ético.

Los nuevos avances en neurociencia abren grandes interrogantes éticos y moralesLos avances en neurociencia, por tanto, están cada vez más dispuestos a afrontar los interrogantes y dilemas éticos que se debaten entre la ciudadanía. Así lo ha entendido también el proyecto norteamericano homólogo BRAIN, que discutió el pasado 20 de agosto en una comisión de bioética presidida por Barack Obama la regulación ética que deberían tener estos proyectos multidisciplinares de investigación.

Por este motivo, pensar que implantar falsos recuerdos no conllevaría un importante debate ético es bastante inocente. Y es que la manipulación del cerebro pone en jaque a los investigadores, que apuestan por garantizar el progreso científico, al mismo tiempo que se respetan y garantizan cuestiones tan básicas como los derechos humanos.

Como explica Arthur Caplan, director de ética médica del New York University’s Langone Medical Center, intervenir en nuestra mente podría amenazar seriamente nuestra identidad personal. Y este derecho, muy ligado al desarrollo de la persona y de una complejidad jurídica importante, ha de ser respetado, por muy loables que fueran los fines científicos que se presuponen.

¿Qué ocurriría si fuéramos capaces de manipular el cerebro de criminales? ¿Y si alteráramos su percepción de la realidad y de su pasado? Son interrogantes sin duda muy hipotéticos, que aun no se basan en resultados de investigación firmes, pero que se han de poner sobre la mesa cuando se habla de neuroética. Y es que implantar falsos recuerdos, aun siendo un avance científico realmente espectacular, conlleva grandes interrogantes que no debemos dejar de lado.