Selectividad
| 9 de febrero de 2010 a las 09:30 | 61 comentarios
La semana pasada iba a comprarme un nuevo disco duro externo. El que tengo es de escasos 320 Gb, y estoy a punto de llenarlo: películas, series, documentos, música, programas, respaldos. “¿Cuánto más necesito?”, me pregunté. ¿Bastará uno de 500 Gb, o me voy directo al de un terabyte? Al final, tras cotizar varias opciones, me arrepentí al percatarme que estaba perdiendo la facultad selectiva. En realidad, debería haber depurado mis archivos, eliminando esos que sé que jamás necesitaré. Este fenómeno de la pérdida de la...