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La Singularidad Tecnológica es el hipotético evento que se dará cuando la tecnología supere a la inteligencia humana, una teoría que mi compañero Alan nos explicó ayer. La Ley de Moore, que es una de las bases de esta creencia, junto con los avances tecnológicos, hacen pensar que la Singularidad podría estar más cerca de lo que pensamos o, al menos, si no está cerca quizás nos estemos encaminando hacia ella. Según el escritor Vernon Vinge, son cuatro los caminos que podrían llevar a la humanidad a este punto de ruptura llamado Singularidad y, aunque algunos de ellos rocen la ciencia-ficción, otros, sin embargo, suenan bastante familiares y cualquiera podría pensar que ya hemos empezado a andar por dicha senda.

Según este autor, a la Singularidad podríamos llegar por cuatro vías:

  • El desarollo de una computadora que alcance el nivel de la inteligencia humana y que, posteriormente, llegue a superarla por su propio aprendizaje, algo que se ha denominado superinteligencia artificial

  • El desarrollo de redes de ordenadores que lleguen a funcionar como neuronas de un cerebro distribuido que llegue a tomar consciencia y se despierte como un único ente inteligente, también denominado superinteligencia colectiva

  • El desarrollo de elementos de interacción con computadoras que permitan al ser humano comportarse como un ser superinteligente, conocido como superinteligencia híbrida

  • Manipulaciones biológicas que permitan mejorar en algunos seres humanos su nivel de inteligencia, es decir, la superinteligencia biológica.

Vamos a analizarlas en mayor profundidad y analicemos si la humanidad ha comenzado a caminar, o no, por alguna de estas sendas.

Superinteligencia Artificial

La Superinteligencia Artificial se daría en el momento en el que se crease una inteligencia superior a la de la raza humana, es decir, que estaríamos en un momento tecnológico en el que el ser humano habría sido capaz de construir una inteligencia artificial que, al menos, lo igualase y que, por su propio aprendizaje, llegase a superar al ser humano.

Para llegar a este punto, la tecnología, además de crear computadores muy potentes, también debería soportar algoritmos de computación que permitiesen codificar la consciencia humana y llevarla a un soporte digital. Actualmente, nos movemos en un entorno tecnológico en el que aún se sigue cumpliendo la Ley de Moore y, por tanto, se siguen fabricando computadores cada vez más potentes pero que, a su vez, ocupan menos espacio y consumen menos energía; sin embargo, nuestra capacidad de programación de algoritmos sigue estando algo limitada.

Muchas veces, al ver alguna noticia relacionada con la robótica y la inteligencia artificial, se piensa en la Singularidad, sin embargo, desde la perspectiva de la Superinteligencia Artificial, aún nos queda mucho camino que recorrer. Nuestros engendros mecánicos basados en redes neuronales, siguen respondiendo ante una colección de patrones programados que, por ahora, sigue siendo bastante simple. Los ejemplos del robot-enfermero o el asistente de Robots para la Humanidad nos demuestran que aún estamos algo lejos de esa meta.

De hecho, para llegar a la Singularidad a través de la Superinteligencia Artificial, hemos de ser capaces de crear un computador capaz de igualar al cerebro humano y dotarlo de la misma o mayor capacidad de aprendizaje; sin embargo, un millón de procesadores ARM reproducirán un 1% del cerebro humano.

Superinteligencia Colectiva

La Superinteligencia Colectiva se define como una red de computadores que forman una inteligencia colectiva que se encuentra repartida en diversos nodos formando un cerebro distribuido, siguiendo las pautas del filósofo Pierre Lévy que define la inteligencia colectiva como la colaboración y el concurso de muchos individuos que comparten conocimiento.

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Precisamente estamos en la era de la Sociedad de la Información y el Conocimiento, donde la red está siendo un punto de unión importante entre los seres humanos y que, además, contiene una cantidad de información que la hace ver como un gran cerebro global. Tengamos en cuenta que para este año 2011 se espera que se generen contenidos que sumarán 1.8 Zettabytes (18.000 millones de TB), cantidad que se duplicaría cada dos años. Por tanto, gracias a esta cooperación surgida gracias a Internet, los humanos hemos tejido una enorme red de de conocimiento que se apoya, precisamente, en computadoras que los almacenan.

¿Estamos siguiendo la senda de la Superinteligencia Colectiva? Aún no está del todo claro, sin embargo, muchos expertos piensan que estamos generando un caldo de cultivo gracias a la red que sí que podría propiciarlo, si bien, actualmente este conocimiento anda algo disperso y desordenado, algo que podría cambiar con la llegada de la Web Semántica que sí podría suponer la confirmación de la andadura de este camino.

Aún así, no solamente la llamada web colaborativa propicia este camino, la computación distribuida también es un indicativo de que esto podría pasar, algo que vimos el otro día con el robot del Instituto Tecnológico de Tokio que podía recibir las rutinas aprendidas por sus iguales y aplicarlas a su contexto de funcionamiento.

Por tanto, si sumamos todo el conocimiento que existe en la red (y que se duplica cada dos años) y que estamos experimentando con computadoras que son capaces de adquirir y utilizar este conocimiento, parece que tenemos los componentes que iniciarían esta ruta.

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Superinteligencia Hibrida

Se dice que la Superinteligencia Híbrida es la interconexión física entre humanos y computadoras, es decir, el mito del Cyborg o de la fusión entre seres humanos y máquinas. Aunque suena a ciencia-ficción y hablar de implantes electrónicos podría sonar a fantasía, realmente, no es tan fantasioso como podría parecer.

Está claro que aún no hemos llegado a la fusión de la consciencia humana con un computador, es decir, que un computador controle a un ser humano ni a la simbiosis de éstos, sin embargo, sí que estamos viendo cómo se implantan algunos componentes electrónicos en seres humanos: implantes cocleares para sordos, marcapasos para enfermos cardíacos o guías para invidentes, elementos que son capaces de complementar a un ser humano.

Si bien la Singularidad implica que seres humanos y máquinas se fusionen, una fusión que debe dar lugar a un ente superior que trascienda a la condición humana y que de lugar a una especie nueva, algo a lo que no hemos llegado ni creo que lleguemos todavía, puesto que estamos centrados en dotar a nuestros iguales de elementos que les doten de una mejor calidad de vida; en definitiva, estamos centrados en un Desarrollo Sostenible que no busca superar al propio ser humano.

Superinteligencia Biológica

La Superinteligencia Biológica sigue vinculada a la tecnología pero no a la computación puesto que busca la superación de la inteligencia humana mediante la creación de un ser humano avanzado que sea mucho más inteligente y superior al resto. Es decir, este camino a la Singularidad estaría asociado a la ingeniería genética y a la bioingeniería.

Y aunque parezca sacado del Tercer Gemelo de Ken Follet, desgraciadamente, la humanidad vivió tiempos oscuros donde se apostaba por razas superiores y en la que primó la Eugenesia como doctrina del Estado. Me refiero a la experimentación genética de la Alemania Nazi, encarnada en Josef Menguele que sí que hizo que la humanidad enfilase este camino hacia la Singularidad con una macabra ruta.

¿Dónde estamos?

Si la Singularidad es o no una utopía, posiblemente, sea bastante pronto para decirlo, lo que sí que es cierto es que el ser humano sí que ha bailado con las cuatro rutas que conducen a ella, encontrándose en un punto tecnológico que es muy proclive a dos de ellas.

¿Apostará el ser humano por un Desarrollo Sostenible evitando en todo momento cruzar la línea de la Singularidad o la ambición humana cruzará esa línea? El futuro nos lo dirá.

Imágenes: Caracas 10 67, La Máquina de Von Newman y Ramón Galí