La consciencia es la capacidad que nos sirve para percibir y reconocer nuestra existencia y capacidades vitales. Os presentamos el curioso caso del zombi filosófico, un hombre que ve colores, pero que es incapaz de reconocer que los observa.

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Haciendo un repaso a los trastornos mentales más extraños, nos hemos topado con una definición que sorprenderá a más de uno. Si ayer hablábamos del síndrome de Capgras, hoy nos toca entender el concepto del zombi filosófico.

Más allá de las historias relacionadas con los zombis y de las decenas de series y películas dedicadas a estos personajes, nos encontramos con un término acuñado en torno a la consciencia.

La consciencia define los límites de la realidad

Cuando repasamos los sucesos científicos que había detrás de la gran película «Good Bye, Lenin!», ya hablábamos de la dificultad de determinar los límites de la consciencia, por lo que entenderemos lo complicado que resulta saber qué es realmente un zombi filosófico.

Los investigadores en neurobiología explican que este concepto se refiere a un personaje, totalmente indistinguible de un ser humano con plenas facultades mentales, incapaz de tener experiencia consciente. Este hecho, que a muchos les podría parecer insignificante, es clave para entender realmente qué es un zombi filosófico.

zombi filosófico

Methoxy Roxy (Wikimedia)

¿Qué problemas puede tener alguien que no puede experimentar situaciones conscientes? Uno de los hechos más relevantes es la incapacidad para percibir colores, como explican los neurocientíficos. Una situación más conocida como agnosia cromática.Previamente el hombre sí podía identificar y reconocer que veía los colores

El término agnosia deriva del griego, y se refiere a la "interrupción en la capacidad para reconocer estímulos previamente aprendidos o de aprender nuevos estímulos sin haber deficiencia en la alteración de la percepción, lenguaje o intelecto".

En otras palabras, cuando hablamos de la agnosia cromática nos referimos a personas que anteriormente eran capaces de reconocer y diferenciar colores, pero que a partir de un determinado momento, no pueden hacerlo. Sus órganos sensoriales, sin embargo, funcionan correctamente, y tenemos que buscar en la corteza visual las lesiones cerebrales asociadas a este trastorno.

zombi filosófico

DJ Neight (Flickr)

Hace unos días en el blog Neuroskeptic se presentaba un curioso caso de un zombi filosófico, resumiendo la historia clínica presentada días atrás por neurobiólogos suizos. Este paciente era incapaz de reconocer que podía identificar colores de manera correcta, a pesar de que sí podía nombrarlos. Tras haber sufrido lesiones bilaterales en el lóbulo occipital, su capacidad de ver y especialmente, de reconocer que veía y diferenciaba colores se había alterado significativamente.Sus problemas comenzaron con la detección de un tumor cerebral

Los problemas de este auténtico zombi filosófico, término acuñado por los propios médicos que estudiaron su caso, habían comenzado con la detección de un meningioma de 6 cm, un tipo de tumor cerebral que suele ser benigno. Tras su extirpación quirúrgica, el hombre sufrió varios problemas de hemorragias que acabaron determinando un daño importante en el área V4 del cerebro.

Al examinar su capacidad para ver colores, los médicos observaron cómo el hombre era capaz de determinar y nombrar algunos de los colores que le mostraban, con un porcentaje de acierto muy superior al que deberíamos atribuir al azar.

Por tanto, a pesar de que parte de su cerebro había quedado dañado, el zombi filosófico sí vea algunos de los colores, pero era totalmente incapaz de percibir conscientemente que los distinguía. Ocurre algo similar con los zombis de Haití: están vivos, pero no son conscientes de ello.

Como explicábamos antes, este caso del zombi filosófico vuelve a enseñarnos la importancia de la consciencia. No solo tenemos que ver colores o estar vivos, también debemos percibir y reconocer que tenemos estas capacidades. De no ser así, nos convertimos en zombis, en los que nuestra mente nos juega más de una mala pasada.